Paisaje urbano
Eduardo Osborne
Los palos del avispero
Yo miro desde el tercer piso de la calle Montalbán 9 de Granada a un sitio que hay enfrente abajo. Tiene un vestíbulo, se ve luz y la entrada es por la otra calle, Horno de Haza. Es el Blus, un bar de rockers y es 1991. Parece ser que llevaba un año abierto en ese año. Yo tengo que pasar por esa calle y enfrente al menos una o dos veces al día para entrar o salir de mi casa. Del piso de dónde vivía. No recuerdo si iba hacia arriba, hacia la Plaza de Los Lobos o hacia abajo, hacia Carril del Picón. Probablemente hacia abajo, siempre hacia abajo y en los últimos momentos de mi estancia en el piso, hacia arriba, hacia abajo y hacia todos lados, pero no iba mucho al Blus, no recuerdo por qué, sí entré varias veces. Una de ellas estaba allí José Antonio García (de los 091) y Manuel España, (de La Guardia), flamantes ambos con sus botas vaqueras y sus chupas y sus camisas increíbles. Y sus chicas despampanantes. Sólo creo que me fijé un poco y no recuerdo más. He pasado por esa calle algunas veces, y por la de Horno de Haza, donde está la entrada al Blus, también, pero nunca he entrado. Este finde entré por la puerta de atrás y me recibió un riff de guitarra, como si entrara en el pasado, pero allí ya no estaba José Antonio, ni Manuel España, ni nadie. Sólo unas chicas jugando al billar, otra chica con boina y faldas con su chico y sólo escuchábamos canciones de los 80 que la chica de la boina tarareaba y bailaba. En la barra estaba un camarero del que no recuerdo su nombre, pero hablé con él y me dijo que ya estaba en 1991 o que el Blus llevaba un año, o algo así. Allí ahora venden libros, bueno, venden un libro, que ha escrito uno que trabaja allí. Buceando en los restos de pasado con el camarero me dice que el Ruido Rosa existe pero ya no está en el mismo sitio, ni es de los 091, el Planta Baja sí, ya lo sabía, y sigue creo que más o menos igual. El Silbar, ni lo vi jamás, solo forma parte de la leyenda, el Amador, lo mismo. En la calle Elvira está aún el Chaplin, del que tengo difusos recuerdos. El camarero me dijo que me llevara una chapa del Blus, qué, sí, ahí, hostia y le pedí que me la pusiera. 36 años después sin haber estado en todo ese tiempo más de dos o tres ocasiones. Todo el mundo tendrá chapa y todo el mundo habrá vivido todo allí, pero a nadie se la ha puesto, directamente, el camarero. Ardían las calles, de la ciudad, llenos los bares, aún están.
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