El manuscrito

Manuel López Muñoz

Las cenizas de una campaña electoral

Cuando se acerca una campaña, me gusta echarle un vistazo a los carteles que se pegaban en las antiguas ciudades romanas

29 de marzo 2019 - 02:31

Si alguien piensa que la decencia sirve de algo en la vida este Lucrecio Frontón se merece un buen cargo" (CIL IV, 6626). Cuando se acerca una campaña electoral, me gusta echarle un vistazo a los carteles que se pegaban en las antiguas ciudades romanas. El que aquí les traduzco es de Pompeya, que desapareció bajo las cenizas del Vesubio hace casi dos mil años. Los romanos (y digo "los" porque las mujeres no votaban) elegían a los encargados del gobierno de su ciudad. Igual que hoy, los llamaban "ediles" y, lo mismo que en la actualidad, hacían campaña. En aquellos carteles, se hablaba de las virtudes de un candidato, su idoneidad moral, su capacidad, su experiencia, de quién lo apoyaba… De uno, se decía que era un tío decente; de otro, que había conseguido esto o aquello; de alguno, que era el favorito de los juerguistas ("serobibi", los que beben hasta tarde); de cualquiera, que era el mejor. En Pompeya se hablaba de personas o contra personas, no de la ciudad. Se elegía alguien para que hiciera algo o se encargara de algo pensando en la dimensión humana de las cosas, no en las ciudades como seres vivos. Limpiar Pompeya, hacerla más próspera que Herculano, criticar la deslealtad de Tarraco, decir que todos los de la Bética eran unos parásitos, no habría sido una campaña normal porque no habría tenido nada que ver con las inquietudes de los pompeyanos. Hoy han cambiado muchas cosas. Las mujeres votan y son votadas. La ciudad es un territorio con vida propia, peculiaridades y una historia. Los carteles electorales no nos dicen que tal o cual persona es buena gente: de eso ya se encargan los fotógrafos haciéndoles poner caritas de buenos. La esperanza de que alguien lo haga bien se sustituye por los colores de su partido, que desde el colegio nos han enseñado a vincular con emociones primarias: dinamismo, energía, serenidad, optimismo. Una foto sonriente sobre fondo verde: confianza, esperanza y, sobre todo, buen rollo para que no pensemos que esa persona es un cenizo... o una ceniza.

Ignoro si aquel Lucio Frontón, del que se decía en su propaganda que era un hombre decente, consiguió o no ser edil. Solo sabemos que, bajo las cenizas de Pompeya, se ha encontrado el testimonio de alguien que se ofrecía a trabajar por sus conciudadanos. Su memoria, bajo aquellas cenizas, nos llega como el eco de alguien que, si me permiten el juego de palabras, no era un cenizo.

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