La Encina, Dry Martina y Casa Román

09 de febrero 2026 - 03:08

Como llevo algún tiempo lamentando cambios a peor de bares y restaurantes que tenían cierta calidad, esta semana me alegro de poder comentar un trío de cambios que no comportan pérdidas, antes al contrario. Los comento brevemente porque son recientes y conviene probar las cosas varias veces. Son tres casos diferentes: un clásico que cambia de empresa gestora, uno de apertura reciente y otro que se ha cambiado de ubicación. Bueno, eso no es exacto, se trata de que Wilma y Luis, cocinera y maître del restaurante del Paseo Marítimo “El Rincón de Yebra”, se han establecido por su cuenta en una zona totalmente diferente: la carretera de Granada, frente a Piedras Redondas. Se llama Casa Román y están teniendo un éxito muy destacable. Se lo merecen porque todo se cocina en casa, incluido un tiramisú muy celebrado por la clientela que lo abarrota, incluso los sábados y domingos para desayunar. Que duren, que falta nos hacen profesionales así. Otro muy reciente que también elabora todas las tapas y raciones en su cocina es Dry Martina. Está en el local que fue durante décadas la tienda y taller Electrodomésticos Fermín, en la circunvalación del Mercado. Que, por cierto, hay aquí ya más bares que tiendas de alimentación, como está ocurriendo en tantos mercados clásicos de España. En Madrid o Sevilla, por ejemplo, empezó el movimiento hace quince o veinte años. Lo malo (para mi gusto) es que aquí hay muchos más pubes de copas que bares de tapas. Dry Martina me parece el mejor y además abre los lunes por la noche, cosa cada vez más insólita en nuestra hostelería. Y por último, La Encina. El clásico restaurante -y taberna- de la calle de Marín ha mantenido el tipo y la calidad desde que abrió en 2001, después de un breve paso por Aguadulce. Pero el tiempo ha hecho su labor y Paquita, la cocinera y propietaria, ha decidido jubilarse; su marido Mariano falleció hace pocos años y sus hijos no siguen el negocio. Dos empleados han decidido quedarse con la gestión y no lo están haciendo mal. Y Paquita sigue echando un ojo, al fin y al cabo vive arriba. Se mantienen las cartas de tapas, de comidas y de vinos, el buen servicio y, por supuesto, el agradable ambiente y el elegante comedor. El otro día tomamos unas copas de un rico fino de Harveys con tapas como sus buenas croquetas de siempre o sus albóndigas con puré de patata. Suerte para otro cuarto de siglo de vida.

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