Más allá de la frontera
La conjura de las charos
Quien esté asesorando al Gobierno andaluz en la comunicación de la crisis de los cribados se está luciendo, en lo gordo y en el matiz. Más allá de la transparencia (diría, siendo magnánima, que intermitente y con un amplio margen de mejora) sobre el número de afectadas, la contratación de profesionales, el acceso guadianesco a los historiales, la resolución de los casos…; de poco vale hacer dimitir a la anterior consejera si el nuevo tacha prácticamente de insidiosas a las mujeres que han levantado la liebre. Los gestos, además de ágiles, han de ser enterizos: quienes destapan el problema no son la causa del mismo, sino las que lo padecen.
Voy con el matiz, arriba referido, y después con lo gordo. Desde el 15 de octubre, la Consejería antes conocida como “de Salud y Consumo”, ha pasado a denominarse “de Sanidad, Presidencia y Emergencias”. Atención al trueque de Salud por Sanidad. El término salud pone el foco en las personas, y me recuerda que tenerla es mucho más y mejor que no estar mala, sino vivir –la comunidad y una misma– la mejor vida posible. Evoca la prevención, la educación, la salud pública, la mental o la dental… Sanidad resulta a todas luces técnica, economicista, instrumental, administrativa. Ésta alude al servicio que se gestiona; aquélla, a un derecho que se garantiza. Perdemos con tamaño –válgame el nombre de esta columna que cada semana escribo para usted– cambio de sentido.
Y ahora lo gordo: tiene sus años el sentido despectivo, misógino y clasista del término “las charos”, que ridiculiza la voz de las mujeres reales y las emparenta con la caricatura de una sindicalista, feminista, viejuna, progre de manual. A lo que voy: lo más lamentable es que desde el Gobierno andaluz se trate de cuestionar las intenciones de las afectadas (en palabras de Sanz, esas que “lanzan infundios” e intentan desprestigiar al sistema y a sus profesionales) y sugieran una politización de las mismas. Lo más lamentable es que el dibujo de las mujeres afectadas que trazan estas y otras declaraciones de Sanz y Moreno esboza sutilmente, sin mencionarla, la evocación de una suerte de charos conjuradas, en vez de reconocerlas sin excusas como mujeres admirables en lucha por un sistema sanitario público a la altura de los tiempos. Mala idea, dicho sea en toda su acepción.
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