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La alternancia en el poder es normal en una democracia. Está claro que cada ciudadano prefiere que gobierne el partido con el que simpatiza, pero no se hunde el mundo en el caso de que haya una alternancia en el poder siempre que los gobernantes sean demócratas convencidos y con preparación suficiente para llevar las riendas. Gente valiosa las hay en la izquierda y en la derecha. Lo que sí es preocupante es que haya un gobierno formado por individuos que no inspiran confianza para dirigir un estado por su escasa preparación o por demostrar una personalidad amenazante contra el sistema democrático. Al día siguiente de ser elegido Pedro Sánchez presidente del Gobierno, ya sonaron voces considerándolo ilegítimo, habiéndose constituido según lo establecido en la Constitución. Esa idea de ilegitimidad permanece en el subconsciente de una derecha que no admitió su derrota y su único objetivo es echar a Pedro Sánchez. Votan que no a todo lo que proponga el Gobierno, sin argumentos que justifiquen su posición contraria. El Congreso de los Diputados, donde deberían de debatirse propuestas contrarias, defendiendo intereses acordes con distintas posiciones, se ha convertido en un caladero de insultos contra Pedro Sánchez, que son la única base para oponerse y votar en contra de cualquier iniciativa que presente el Gobierno. Nadie sabe qué razones tuvo el PP para votar en contra de la Ley de Reforma Laboral, por poner un ejemplo. Estar en contra de la regularización de inmigrantes con el argumento de que se convierten en ciudadanos que votarán a Pedro Sánchez, demuestra una ignorancia supina. En materia de insultos, llamar hijo de puta a Pedro Sánchez es un latiguillo iniciado por la señora Díaz Ayuso, con dos expresiones con el mismo significado. Me gusta la fruta, que se ha convertido en una gracieta, o hijo de puta con todas las letras como ha vociferado la concejala del PP del municipio de Vallanca, Belén Navarro Cañete, dirigiéndose al presidente del Gobierno. La respuesta de Miguel Tellado a una pregunta sobre el comportamiento de su compañera de partido ha sido que “la era del insulto acabará cuando caiga Pedro Sánchez”. Reconoce sin disimulos que la política del insulto es la tesis que utiliza el PP para hacer oposición.
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