Resistiendo
Andrés García Ibáñez
Un siglo del padre Bartolomé
Incontables cónyuges y familiares se entregan, durante a veces años, al cuidado abnegado de sus seres queridos marcados por crueles enfermedades degenerativas. A menudo, el amor inicial se diluye en el océano del agotamiento. Las palabras amables, suspiros varios. La persona amada, atrapada en una dependencia cada vez más profunda, se extingue lentamente hasta que una mañana se apaga y el silencio de la casa ensordece el alma. Es entonces cuando los recuerdos asaltan al cuidador como un torbellino. Revive las miradas esquivas, los reproches ásperos que escaparon sin pensar, la ternura negada, el invisible pero lacerante maltrato psicológico. El arrepentimiento implacable lo envuelve con una fuerza opresora, ahogando cualquier intento de justificación. No dejemos que el silencio se convierta en el eco amargo de lo que no dimos cuando había tiempo. Ofrezcamos hoy la calidez que mañana podría salvarnos del remordimiento.
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