NOTAS AL MARGEN
David Fernández
El 28-F de la emoción y el entretenimiento
Días atrás me topé en redes sociales con uno de los primeros carteles del Dreambeach, un festival de música electrónica que se ha venido celebrando en la provincia desde 2013 -las dos últimas ediciones en Retamar- y que este verano cambiará Almería por Vélez-Málaga en su duodécima edición. Entre el 31 de julio y el 1 de agosto estrena emplazamiento con la previsión de recibir a más de 120.000 asistentes. En su último año en Almería experimentó un retroceso en cuanto a la participación con alrededor de 90.000 ‘dreamers’ y aún así generó un impacto económico en la ciudad de 12 millones de euros y 1.400 puestos de trabajo directos e indirectos.
La cuestión es que este festival heredero del Creamfields (2004-2012), un modelo de éxito que había permitido traer a la provincia a los mejores artistas del mundo en este segmento (deejays como David Guetta, Martin Garrix, Armin van Buuren, Tiësto o Carl Cox y bandas como The Prodigy o Pendulum) nos ha dejado tirados. La organización entiende que puede crecer más fuera de Almería, en territorios con mejores comunicaciones -prácticamente todo el litoral español- y posiblemente no haya encajado bien la polémica que se generó con su aterrizaje en Retamar. Ya no hay vuelta atrás, perdemos una cita musical de primer nivel, un festival que ha consolidado su sello en España e incluso lo ha exportado a otros países como Chile y Portugal.
Pero no bastaba con marcharse porque ahora se llamará Dreambeach Costa del Sol para que el agravio sea doblemente sentido en nuestra tierra. Porque esa marca tan relevante y consolidada hoy para el viajero internacional nació para promocionar una gran ruta turística desde Figueras hasta Huelva, inspirada en el éxito de la Riviera francesa o la Costa Azul, en la que Almería iba a ser una pieza clave. “Almería, Costa del Sol” fue acuñado en 1928 por el empresario austriaco Rodolfo Lussnigg, propietario del hotel Simón de la capital. Con el estallido de la Guerra Civil cayó en el olvido y en los años sesenta comenzó la apropiación malagueña porque sus empresarios captaron rápido la fortaleza y potencial del lema.
Uno de sus grandes valedores fue un ministro de la época, José María Tejaroni Velasco, que veraneaba en la costa malagueña y tenía intereses en la zona. El límite geográfico de esta nueva Costa del Sol se fijó inicialmente desde el río Guadalmedina hasta el río Guadiaro, ciñéndose a la provincia de Málaga. El proyecto se materializó en la mejora de las comunicaciones, precisamente lo que más ha lastrado a Almería durante décadas, y actuaron en puntos negros de la carretera en zonas como Nerja y Torre del Mar. A partir de ahí, el boom turístico lo conocemos todos. El tardío desarrollismo turístico de nuestra provincia, unido a la indolencia y condescendencia almeriense, fueron los colaboradores necesarios de la fuga de una gran marca y eslogan y hoy con el mismo nombre también se nos ha ido un festival.
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