Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ni con Vox ni sin Vox
Uy, uy, uy, ¿y esa cara de Esperanza Macarena? Ay, Señor mío. A la luz de esos sollozos sísmicos que aún te sacuden y esos manchurrones de rímel que convierten tus ojos en dos tinteros derramados, la barraquera habrá sido de padre y muy señor mío. ¿Qué diantres te ha pasado, niña? No me lo digas: el vigésimo quinto o vigésimo sexto amor único, genuino e irrevocable de tu vida también te ha despachado en un pispás soltándote alguna fresca mal escrita en el whatsapp y todo esto un día antes de San Valentín ¿no es así? ¿Ves? Te conozco mejor que la madre que te parió; aunque eso es fácil: no hay mayor extraño que quien ha florecido en tus entrañas. Tengo toallitas en el bolso. Coge varias. ¡Qué harías tú sin el paño de lágrimas de la chacha Leoncia, eh! Tonta soy de no cobrarle a tu madre mis labores de psicología en esta casa; me forraba seguro.
Pues nada, Anita, ahora ni corta ni perezosa te me vas para el portátil y a la voz de ya ejecutas la severa damnatio memoriae borrando toda huella del interfecto en el Instagram, empezando, claro, por sus fotos. Y mientras con un ojo lloras el amor perdido, ¿me oyes?, busca con el otro el siguiente, pero no en internet, reina, no, sino en la calle. «La agüita del amor ¡ay qué mala es de beber! Si la bebes, te envenenas; si no, te mueres de sed», dice una copla con más razón que un santo. Y es mejor envenenarse, te lo digo yo. No seas tonta y embriágate de oxitocina abrevando en las gustosas tinajas del deseo. Un buen día, sin saber cómo ni cuándo, verás cómo Dios convertirá el agua de una de ellas, la que menos te pienses, en el exquisito vino del amor verdadero.
Ahora bien, has de saber que no hay milagro que nos haga compatibles a hombres y mujeres. Pero mira que te digo, es mejor así: esa lucha con el enemigo íntimo en absoluto resulta perniciosa y casi siempre termina enterrando el hacha de guerra en la cama. En esa relación dialéctica entre corazones llamada amor, lo que no mata engorda. Y no te emperres, Anita, con seguir un modelo de pareja. Si algo ha aprendido esta vieja chocha que te habla es que los matrimonios desahuciados que ha conocido están cortados todos por el mismo patrón mientras que, por el contrario, no encontrarás a dos parejas bendecidas por Venus que se parezcan entre sí. El amante es literalmente un anormal, un ser que, como don Quijote, antes de morir abjurará de todo menos de su amor por Dulcinea.
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