A la luz del día
Antonio Montero Alcaide
Posverdad
La posverdad viene a ser una forma premeditada e instrumental de la mentira. Cierto es que la condición de mentiroso pueda resultar connatural a quienes adoptan el engaño como patrón de desenvolvimiento o a modo de norma de conducta. Pero, de forma general, la mentira requiere de cierta predeterminación circunstancial. Así, de considerarse que mentir es decir lo contrario de lo que se piensa con la intención de engañar -como Santo Tomás de Aquino y San Agustín afirmaban y el Catecismo de la Iglesia Católica recoge-, claros están tanto el propósito falsario como la torcida declaración de que proviene. El fin de la posverdad, su propósito embustero y mistificador, tiene un alcance más social que personal, pues pretende, con su provisión de falsedades, generar pensamientos, interpretaciones, ideas u opiniones que rijan el discurrir de las entendederas y las acciones de la voluntad, a beneficio de intereses de distinta naturaleza, si bien prevalecen los de carácter político para mantener los atributos del poder consiguiente. De manera que la finalidad de la mentira es menos expansiva que el objeto de la posverdad, pues la primera, la mentira, suele vincular el engaño a las particulares circunstancias de quien miente ocasional o naturalmente, y la segunda, la posverdad, va mucho más allá de la patraña, de la engañifa o de la trola, ya que pretende, de modo deliberado, distorsionar la realidad -no ya las particularidades de la mentira circunscrita-, manipular los pensamientos y las creencias, trastocar los sentimientos y las emociones, y afectar no solo a los interlocutores propios del más corto alcance de la mentira, sino a la categoría multitudinaria de la opinión pública y a la inducida orientación de las actitudes sociales. En definitiva, la apariencia de verdad prevalece o es más importante e influyente que la propia verdad. Es considerada la posverdad, asimismo, como una mentira emotiva, ya que ensalza, con efectos perturbadores, las emociones aplicadas a controversias sociales y políticas, como es el caso del negacionismo, en sus más variopintas aplicaciones, y de los conflictos o situaciones que generan más preocupación ciudadana. Y, aunque tenga parentesco con las noticias falsas, la posverdad no solo altera los juicios de coyuntura, sino que procura establecer una adhesión no poco doctrinaria, resultante de la tergiversación, a fin de que pierdan carácter verdadero los hechos y se atribuya firme veracidad a su distorsión.
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