En tránsito
Eduardo Jordá
Vivienda
En los medios de comunicación españoles, cuando se habla de los sistemas judiciales iberoamericanos es común señalar que no poseen una fiabilidad absoluta, achacándoles estar sujetos a intereses de los poderosos, siendo los menos afortunados olvidados de la justicia.
Se considera el sistema judicial europeo, y más concretamente el español, un espacio de amplia garantía para defender el interés de todos los ciudadanos, sea cual sea su procedencia, status social o ideología. Es un mérito conseguido por nuestra sociedad y sistema democrático liberal, debemos pues sentirnos orgullosos de ello. Se mira a los tribunales de los países de la América hispana con cierta aprehensión, en cuanto a su imparcialidad y eficacia. Esto podría ser cierto en alguno de sus Estados, pues la acción tiránica de los partidos totalitarios así lo ha conseguido. En éstos se han ido infiltrando en su seno judicial, sustituyendo jueces, cambiando leyes, borrando estructuras para crear otras nuevas, pues la ideología del partido único impregna todo la realidad estatal, y la Justicia, como todas sus instituciones, está al servicio del gran líder y el partido que lo sustenta. La jurisprudencia como tal no existe, pues ha sido sustituida por la ideología única dominante. Cuba, Nicaragua o Venezuela son ejemplos de esta situación de imposición normativa, pues no es justicia. Hay otros estados en los que el sistema judicial está amenazado, donde los intereses de los cárteles van infiltrándose en su interior, mas aún existen sentimientos de rectitud y honradez, amor a la Justicia dedicada al bien común, a la convivencia recta, y mejora social, que se resisten.
Hay ejemplos en el continente americano, en el ámbito de cultura hispánica, que contradicen las creencias compartidas en Europa. Véase el ejemplo de Argentina, donde los jueces y fiscales resistieron las presiones, y amenazas, del kichnerismo, logrando gracias a su valor, rectitud y perseverancia, imponer el Estado de Derecho, y el correcto orden de la ley. Otro caso similar ocurrió en Bolivia, o en el Perú de don Pedro, y así podemos encontrar muchos otros casos en esos estimulantes países.
Luego cuando se afirma, de forma genérica, que en los países hispanoamericanos la acción judicial posee dudosa imparcialidad, salvo aquellas excepciones citadas, ya que son estados presos de la garra totalitaria, arguyendo ideas progresistas, se muestra la cara de un eurocentrismo cultural, que mira con superioridad a estos países.
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