Europa en la etiqueta

19 de febrero 2026 - 03:08

Los alimentos producidos en la Unión Europea operan bajo uno de los marcos regulatorios más exigentes del mundo. Toda la cadena está sometida a controles sistemáticos. A ello se suman obligaciones medioambientales crecientes y una dimensión social, que se integran cada vez más en todo el proceso productivo. En conjunto, estos requisitos generan un valor real tan importante como es la confianza, que debería ponerse en valor en el acto de compra. ¿Por qué no reflejar estos atributos europeos explícitamente en el etiquetado?

Hoy la UE invierte recursos relevantes en promover su modelo alimentario y sus productos. Por un lado, la política de promoción agroalimentaria “Enjoy, it´s from Europe!” con 132 M€ en 2025; por otro, el programa escolar “EU School Sheme” apoya con 220,8 M€ por curso académico, la producción de alimentos y la promoción de hábitos alimentarios saludables. Además, el etiquetado puede incorporar, previa certificación, logotipos valiosos como Denominación de Origen (DOP), Indicación Geográfica Protegida (IGP), o ecológico/BIO. Pero en muchos productos, especialmente en frescos como frutas y hortalizas, no existe un indicador simple y verificable que comunique, de manera directa, algo tan básico como “esto ha sido producido bajo el marco UE”.

Aquí es donde una marca paraguas europea, bien diseñada, podría aportar utilidad sin invadir el terreno de los sellos que ya funcionan. La idea no es sustituir a BIO ni a DOP/IGP; sino un logotipo voluntario, discreto y verificable. Por ejemplo, “Enjoy, it´s from Europe!”, que conviva con los esquemas actuales y refuerce el mensaje de estándares comunes. En un mercado donde las importaciones compiten con fuerza en precio, esa señal puede ser relevante.

Para aumentar la transparencia, el sello debería ir acompañado de un código QR, que no debería llevarnos a una página comercial, sino a una ficha mínima y estandarizada con el país y región de producción, empresa, lote, certificaciones y huella ambiental comparable y auditable.

Un esquema así alinearía la inversión pública con la decisión de compra, con un etiquetado útil, verificable y certificado. Si en Europa estamos orgullosos de cómo se produce, lo razonable es que se refleje, con rigor, en la etiqueta. No es para decir “somos mejores”, sino para permitir que el consumidor vea, compare y decida con información.

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