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Cualesquiera formas de exuberancia pueden resultar atractivas, ya que la abundancia suma o la plenitud extraordinaria reclaman al contemplarlas. La excelente producción hortofrutícola, en sus variados géneros, de vivos y diversos colores, también podría tenerse como motivo de decoración u ornato, cuando se organizan actos para ensalzar cuestiones gastronómicas. Mas, en cualquier caso, entre las razones del atraer o del ambientar y decorar, destacan el cuidado y la pericia en los cultivos y la producción. Incluso hecha extensiva esta, con un espléndido aprovechamiento de las tierras y las aguas, la prestancia de las hortalizas no pierde, sino que incluso acrecienta, los antiguos cuidados de las huertas casi domésticas, para la provisión ordinaria de las comidas hogareñas o la venta al por menor. Cuestión, por tanto, de subsistencia, que también da para ratos de menudeo hortelano y de distracción campestre. Mientras que la horticultura extensiva, asistida por la tecnificación, es una fuente de riqueza que, adecuadamente administrada, propicia el desarrollo económico y social. Razón, por ello, de convenciones sobre su excelencia en las que, así dispuestas estas hortalizas atractivas, además de adornar el acto, inducen a hacerse con ellas y a no tardar mucho en ponerlas en el plato y aderezarlas, de forma que den para un regusto singular.
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