David Uclés
Hoteles sostenibles
El rigor invernal suele verse como un adversario, pero el mal tiempo de estas semanas no es tan malo como nos pudiera parecer. El campo necesita de esa pausa térmica que actúa como control natural y, a la vez, dinamiza los mercados.
La lluvia, cuando no es torrencial, es buenísima para todo; limpia el ambiente, recarga los acuíferos, es fuente de vida. El viento, por su parte, es el gran motor de la ventilación natural en el invernadero. Aunque las estructuras tipo multitúnel sufren más, nuestros invernaderos solares (tipo Almería) destacan por su mayor resistencia aerodinámica. No obstante, sin viento no hay renovación de aire; y sin esa renovación, los parámetros microclimáticos no alcanzan los umbrales adecuados para la fotosíntesis y la sanidad vegetal.
Desde el punto de vista de la entomología aplicada, el descenso térmico es una bendición. Claro está, dentro de un orden que casi siempre se cumple a orillas del Mediterráneo. En términos prácticos, las bajas temperaturas merman la movilidad y longevidad de vectores críticos como thrips; moderando los riesgos de virosis.
Es paradigmático el caso de los frutales caducifolios; necesitan acumular un número exacto de horas por debajo de una temperatura concreta, para romper el reposo invernal y florecer.
La segunda derivada es económica. Cuando se complica el tiempo, escasea la oferta de frutas y hortalizas, y la estabilidad que ofrecen los invernaderos de Almería se traduce en una tensión alcista de precios. Las pizarras se ponen del lado de los agricultores.
Esta semana, coincide con Fruit Logística (Berlín), donde Almería no sólo vende hortalizas, también educa al mercado. Campañas como “Pimientos con Marca: lo natural deja huella” (COEXPHAL), son fundamentales para explicar al consumidor que las pequeñas marcas superficiales causadas por el Thrips parvispinus, son defectos estéticos sin impacto alguno ni en el sabor ni en la seguridad alimentaria. En paralelo, el sector defiende el tomate europeo, reivindicando origen y reglas comunes frente a terceros países.
Nada de esto elimina la inquietud del agricultor en días de temporal, con un ojo puesto en que no haya roturas de las cubiertas de sus invernaderos. Pero, en el balance global, el frío corta inercias de plagas y el mercado reconoce, también en precios, el esfuerzo de mantener el suministro cuando el resto del continente se frena.
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