La ciudad y los días
Carlos Colón
Tristes retratos personales y colectivos
Hace unos días Bruce Springsteen, el Boss planetario de todos los rockeros, criticó abiertamente las políticas migratorias trumpistas. No es la primera vez que se implica sin filtros en la defensa de causas sociales. Ese talante lo ha mantenido desde siempre, como una de sus más acendradas señas de identidad. Tampoco es el único músico norteamericano implicado de forma rotunda. Forma parte de una honorable genealogía, extensa y diversificada, reconocible desde Bob Dylan hasta los REM.
Por lo demás, los músicos tampoco han sido una isla en el panorama artístico norteamericano. En el cine hay varios ejemplos emblemáticos. Dalton Trumbo y Los Diez de Hollywood fueron tratados ferozmente por el macartismo al final de los años 40, al negarse a colaborar con las persecuciones ideológicas del poder estatal. En las antípodas del macartismo, otros actores defendieron las más variadas causas, como sucedió con Redford, Di Caprio, Jane Fonda, Matt Demon, Sean Penn o Michael J. Fox, todos ellos manifiesta y públicamente opuestos a Trump.
La literatura tampoco ha sido ajena a ese sesgo, con Ernest Hemingway como gran referente para los españoles, dada su condición de brigadista internacional en apoyo de la República Española. Claro que antes, durante y después la nómina de literatos norteamericanos con valores progresista ha sido extensa, empezando por John Reed, el cronista de la Revolución de Octubre soviética.
Fuera de las artes, por descontado, vuelve a ver personalidades de diferente procedencia que han luchado por los derechos civiles (Martin Luther King, Mohamed Ali, LeBron James), que han defendido y ejercido la libertad de prensa (Woodward y Bernstein), que han luchado por preservar el medio (Rachel Carson, Lois Gibbs), que han reivindicado los derechos de las mujeres (Betty Friedan, Bell Hooks) o que han hecho visible la diversidad sexual (Harvey Milk), entre muchísimos otros.
Recuerdo todo esto porque en la convulsión y el hartazgo que provoca Trump es fácil caer en la tentación de culpar a Estados Unidos y a su estirpe de una especie de mala predisposición genética contra el resto de la Humanidad. Como yo mismo he incurrido en ese apresuramiento, reconozco con ecuanimidad que no es así, que esa otra parte de Estados Unidos también existe.
Más aún, como manifestó en una profunda entrevista Michael Stipe, vocalista de los REM, activista social infatigable en múltiples causas, la solución al autoritarismo estadounidense provendrá del propio país, de esas fuerzas tectónicas que operan en su interior y que, tarde o temprano, terminarán por transformarlo. Mientras eso sucede, los demás tendremos que consolarnos con reconocer que, al menos, esos otros norteamericanos también existen.
También te puede interesar
La ciudad y los días
Carlos Colón
Tristes retratos personales y colectivos
La esquina
José Aguilar
Óscar Puente no está para Adamuz
Comunicación (Im)pertinente
Francisco García Marcos
Los otros norteamericanos
Medio siglo
Equipo Alfredo
Izquierdistas a favor de Trump