En tránsito
Eduardo Jordá
Trincheras
Entre la habitual maraña de malas noticias con que los medios nos alegran la vida, esta semana tenemos una buena: el Gobierno de España ha aprobado la regularización de los emigrantes sin papeles que ya estaban en el país antes del fin de 2025. La medida ha contado con la aprobación de sindicatos, empresarios, Conferencia Episcopal, casi todos los partidos políticos y las agrupaciones agrarias, como COAG: «Necesitamos mano de obra para llevar a buen término nuestras cosechas y cuidar a nuestros animales, a personas migrantes con todos sus derechos y deberes». ASAJA “ve muy positivo que en esta nueva regularización se haya optado por reducir el arraigo en el país de dos años a cinco meses”. Aparte de la evidente contribución a la paz social de la que tanto se habla, esta medida podría generar una aportación a Hacienda y Seguridad Social de unos 4.000 euros por persona regularizada. Multipliquen ustedes.
En contra, aparte de las esperadas coces de Vox, está la extraña oposición del PP. Extraña por varias razones: sus habituales votantes lo apoyan, como se deduce de la lista antedicha. Lo apoyan porque la mayor parte de ese medio millón de “sin papeles” está malviviendo y trabajando en la economía sumergida, con lo que se benefician los que los emplean sin contrato. Eso sin hablar de humanidad, cuando los que se oponen presumen a diario de decencia, moral y acendrado catolicismo. Y, por último y más extraño aun, porque los gobiernos de Aznar aprobaron medidas similares en tres ocasiones: 1996, 2000 y 2001, con un total de 524.000 personas. ¿Qué tiene esta regularización que no tuvieron esas otras? Se nos pasan por las mientes varios motivos.
El más obvio es que se oponen por sistema a cualquier medida del gabinete Sánchez. Hasta se han ido a Europa, sabiendo que las competencias no son de Bruselas. Sabiendo o debiendo saber: los asesores no están muy finos. No es la primera vez que muestran poco conocimiento de las normas europeas. Otro motivo, también habitual, es que quieren ser más voxistas que Vox, más extremistas que Trump. A pesar de que la realidad les está diciendo en las encuestas y cada vez que hay elecciones, que la gente prefiere siempre el original a la copia. Ya están viendo que en cada elección pierden votos y los gana Vox. Pero, nada, Don Erre que Erre sigue con el viejo sistema carpetovetónico “Sostenella y no enmendalla”. Ya lo dijo Machado: “En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”.
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