PEDRO SÁNCHEZ, AGENTE DEL MAL FARIO

04 de mayo 2025 - 03:13

Hay hombres que llevan la tormenta en los zapatos” (Victor Hugo). La tradición española viene acompañada de una larga lista de nombres calificados como gafes que han marcado páginas de nuestra historia con una serie de calamidades. El gran cronista de la transición española, Jaime Capmany publicada una columna en el diario ABC mencionaba una serie de gafes o “cenizos” aconsejando que jamás debían pronunciarse sus nombres para evitar atraer la mala suerte. Entre otros Luis Yáñez del PSOE o Pablo Casado del PP.

Ninguno pudo alcanzar en nivel de mal fario que viene mostrando Pedro Sánchez, un cenizo profesional. Este político cuya nube negra ha propiciado como gobernante las mayores catástrofes y calamidades que este país ha sufrido en siglos. En España hemos asistido en los últimos años a una secuencia de calamidades dignas de una maldición bíblica. No se trata de ideologías, ni siquiera de errores de gestión, se llama Pedro Sánchez y se trata lisa y llanamente, de un gafe cósmico con mando en Moncloa. La mala suerte ha permitido que convivamos con un individuo de infausto augurio cuya sola presencia desencadena tormentas, pandemias, catástrofes naturales, escándalos de corrupción, guerras internacionales y hasta la mutación del esperpento en rutina institucional. Pedro Sánchez, también conocido como el séptimo Jinete del Apocalipsis ha sido capaz de lograr que España haya roto relaciones con países tradicionalmente amigos hoy sean enemigos ; Argelia, Argentina, Israel, y otros países que se sienten alejados del radicalismo y las mentiras de Sánchez; EE UU, Francia e Italia a los que Sánchez se ha enfrentado por cuestiones ideológicas intoxicadas de sectarismo.

Entre las muchas calamidades en 2020 llegó la pandemia. Un virus extremadamente contagioso que arrasó España , como explicación oficial a la Nación se dijo que era un virus sin demasiada importancia, que pronto serían contendidos los efectos del virus y en aquella ficción de la realidad Sánchez permitió el 8 de marzo de 2020 manifestaciones multitudinarias en favor del feminismo que atrajeron decenas de miles de personas a las grandes urbes, el resultado fue contagios inmediatos y masivos y miles de muertos diarios por infección de COVID , según datos publicados hasta 30 de noviembre de 2023 fallecieron 121.760 personas por causa del coronavirus. España se convirtió en uno de los países con más muertos por millón de habitantes.

Durante esta pandemia los españoles fuimos recluidos en encierros domiciliarios sin poder salir de nuestras casas, de ello se aprovecharon algunos miembros del gobierno que hoy están siendo investigados por supuestos delitos en las compras de material sanitario y maniobras opacas en las compras de mascarillas. Ahora se han destapado casos de corrupción en el entorno del gobierno, comisiones ocultas, maletas que transitaban por zonas restringidas del aeropuerto de Barajas bajo la mirada vigilante de un Ministro de Sánchez y un comisionista ambos imputados por presuntos delitos de corrupción y tráfico de influencias. El virus parece haber pasado, pero el hedor a corrupción ha quedado arraigado. Después en 2021 llegó la Filomena. La gran nevada del siglo convirtió a Madrid en una estepa rusa mientras el Gobierno miraba hacia otro lado ocupado en preparar el siguiente decretazo o el plan para remodelar el feminismo en formato TikTok. Nunca nevó tanto , ciudades y carreteras colapsadas, el país paralizado y los españoles ateridos en sus casas espantados de semejante catástrofe. Después siguieron los incendios que arrasaron millones de hectáreas de montes y urbanizaciones devastadas . Decenas de miles de vecinos desplazados de sus viviendas. Imágenes dantescas y el fuego avanzando imparable a lo largo y ancho de España. Y después cuando todo parecía haber acabado llegaron las sucesivas DANAS que devastaron Valencia causando incertidumbre y miedo, y sobre todo muertes. Una especie de tsunami de fango, agua y cañas rompió carreteras y puentes y arrasando pueblos de la huerta valenciana sin que nada ni nadie pudiera impedir la devastación a su paso.

La Confederación Hidrográfica del Júcar tenía paralizados varios proyectos para contener y laminar los barrancos del Poyo y otros que amenazaban desbordamientos aquel fatídico día, el resultado; decenas de miles de millones de euros de pérdidas y 227 víctimas mortales. Pedro Sánchez se muestra alejado de cualquier responsabilidad. También asistimos aterrados a un fenómeno que no había ocurrido en siglos, una violenta erupción volcánica en La isla de La Palma, como si la madre naturaleza quisiera escupir la materia tóxica de la política nacional. La respuesta gubernamental fue como siempre, una rueda de prensa con excusas y vaguedades, un PowerPoint y una promesa de supuestas reparaciones e indemnizaciones que no se han cumplido. Esta misma semana el país ha sufrido un apagón general de varias horas en plena jornada laboral dejando sin electricidad a miles de ciudadanos, empresas, hospitales y transportes públicos. En la mayoría de pueblos se interrumpió el servicio de internet y el suministro de agua. ¿Causa técnica? ¿Fallos del sistema? ¿Ataque externo? Los más prudentes prefieren no mirar a Moncloa ni nombrar a Pedro Sánchez temiendo otra catástrofe aun mayor. En paralelo la corrupción avanza en ámbitos gubernamentales: caso Ábalos, caso Koldo, caso Begoña, caso Hermanísimo, caso Tito Berni, la Fiscalía General y el Tribunal Constitucional Organismos trasmutados en servidumbre del sanchismo señalan una decadencia y degradación institucional que ha superado los tiempos de Manuel Godoy. Hasta las mariscadas sindicales y el fraude masivo de los ERES parecen menudencias al lado de esta ópera bufa de saqueo nacional.

Si alguien hubiera advertido en 2018 que la presencia activa de Pedro Sánchez provocaría tales catástrofes, lo habríamos tachado de lunático. Hoy no hay meteorólogo, geólogo, epidemiólogo o notario que no lo contemple como una variable de riesgo. Las aseguradoras están considerando incluir la categoría “riesgo sanchista” entre incendios forestales y daños por inundaciones y pandemias. El “síndrome de Sánchez”: todo lo que toca se corrompe, se enreda, se subvenciona y finalmente, se derrumba. Como si su presencia activara una fuerza metafísica capaz de derribar los cimientos del país. Nadie recuerda en la etapa reciente una serie de desastres naturales de semejante magnitud. Algunos previsores comienzan a mirar el cielo con recelo cada vez que Sánchez aparece en televisión.

Decía Séneca que “la suerte no existe”, en el caso de Pedro Sánchez lo que llamamos suerte es una densa nube que se extiende y si este gafe sigue al mando del timón es posible que la próxima catástrofe ya estuviera en camino. Ocurre que, como gafe de manual, Sánchez ya tendrá lista su sonrisa, su mentira y su PowerPoint. El gafe mira y vigila, lo más sensato según los expertos sería hacer acopio de velas, agua embotellada y un pasaporte en regla.

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