El Pesebre, Brown, Imperial

02 de febrero 2026 - 03:07

Sigo con la serie de restaurantes de la capital que pudieron llegar a algo más de lo que llegaron. Antes del ya citado Ánfora (1984-1994) hubo dos que fueron muy breves pero interesantes: Brown y El Pesebre, ubicados a pocos metros uno del otro. Brown estuvo en la calle Real, en el bajo que ahora ocupa el pub El Porrón. Y El Pesebre, en el local de la plaza Masnou donde hubo una posada. El nombre, algo humorístico para un restaurante que tenía un buen nivel gastronómico y de instalación, era porque en el patio de entrada había un pesebre de piedra para abrevadero de las caballerías. Abrió a finales de los sesenta y comí allí varias veces. Una de ellas la recuerdo mucho porque le eché a mi novia una copa de vino tinto sobre un precioso traje blanco que se había hecho ella misma. No recuerdo lo que comimos y bebimos (aparte del citado tinto) pero era un sitio agradable y bien atendido. Duró poquísimo, si alguien tiene unas fechas le agradecería que me las pasara.

Algo posterior e igual de breve fue Brown, que también estaba bien montado, con mesas cuyas patas eran de antiguas máquinas de coser; su cocina era francesa -coq au vin, boeuf bourguignon, salsas con nata…- bien ejecutada. Mi recuerdo más vivo es una cena demasiado abundante que hicimos mi compadre Alfredo y yo la noche de más calor de la historia de Almería. Era agosto de 197…Me falta un dígito.

Quizá le extrañe a alguien que no haya incluido restaurantes que eran famosos en la ciudad, como el Imperial. La verdad es que tuvo tiempo y muchas bazas para llegar a algo más de lo que llegó. Estaba en una casa típica almeriense de dos plantas, en la Puerta de Purchena. Tenía la cocina, la barra y un comedor en la planta baja, y más comedores en la alta. En Navidades montaban de cara a la calle un bufé espectacular, con aves trufadas, cochinillos, langostas…, que entonces eran un lujo al alcance de pocos bolsillos. Pero en el comedor servían verduras de lata. Estaba un sábado a mediodía en la barra y vi (la cocina estaba a la vista) como el cocinero, mientras asaba un hermoso entrecot, abrió una lata de verduras variadas, las calentó en una sartén y las puso de guarnición. Le pregunté al patrón, Cristóbal, por qué ponía verduras de lata con las magníficas verduras que exportábamos a medio mundo. Me contestó que también usaban verduras frescas de Almería…para la comida del personal. Y para los clientes, de lata. Con un par.

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