LUCES Y RAZONES
Antonio Montero Alcaide
Robótica desalmada
Un tentempié, un aperitivo, alivian o remedian el reclamo del apetito, aunque no sacien como platos principales o raciones de la comida más o menos habitual. Las patatas fritas, además de aderezar o procurar la guarnición de muchos de esos platos, tienen un atractivo gastronómico peculiar y son distintas, variadas y suculentas las formas de prepararlas, como es el caso de las belgas que aparecen en la imagen. Si se considera cómo han llegado a ser gustosa provisión del estómago, las patatas se popularizaron, se hicieron interclasistas, aunque en su origen ni siquiera fueran un producto comestible, sino más bien de jardinería por la belleza de sus flores blancas. Es más, el primer consumo de las patatas reparó hambrunas de las clases humildes y empobrecidas, incluso de los enfermos desahuciados que tampoco contaban con mucho sustento para sobrevivir. Vinieron de América, después del Descubrimiento. Razón por la que algunos “papafritas” -americanismo este- podrían tener tal hecho como una muestra del colonialismo y, por ello, privarse de comer patatas. Disparates aparte, la universalización del consumo de patatas y su variada preparación gastronómica pueden ser buena muestra de una sencilla globalización por la que se hacen multinacionales cuestiones domésticas como las de satisfacer el apetito. Mas cuántos apremios bastante mayores no logran tan extendida resolución.
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