Verdades reveladas

09 de enero 2026 - 03:07

Las verdades reveladas, en sentido directo, son aquellas cuyos contenidos no pueden asimilarse por la razón, sino que necesitan la asistencia de la fe para darlas por veraces. Ese es su sentido estricto o propio, aplicado al ámbito divino, pues se comunican por una deidad y forman parte del conocimiento divino que comparten los practicantes de distintas religiones. Vienen a ser, entonces, dogmas de fe, que reúnen proposiciones dadas por ciertas, con el carácter de principios innegables y de creencias indiscutibles y hasta obligadas. Aunque, generalmente, se las opone a las verdades empíricas, fundadas en la experiencia, no faltan intentos de aproximar, de conciliar y casi de hacer complementarios, los presupuestos de la fe y de la razón, la trascendencia y la experiencia, las manifestaciones divinas y los acontecimientos conocidos por vividos. De modo que haya alguna oportunidad de acercar los propósitos de la verdad natural, descubierta o sostenida en la razón, y de la verdad relevada, como conocimientos divinos comunicados sin que la razón humana pueda descubrirlos por sí misma.

Así las cosas, cabe dar con otras verdades relevadas que no proceden de entidades divinas, sino de humanos revestidos con los atributos del sectarismo o de la demagogia. De suerte que sus proclamas adquieren ese carácter de verdades relevadas por los partidarios más fanáticos. Y es razonable entender la existencia de verdades relevadas -sin contradicciones entre entendimiento y revelación- en los presupuestos ideológicos con que se configuran algunas doctrinas políticas. Se relevan, por tanto, los postulados del pensamiento único, y las creencias y los dogmas vinculan estrechamente con las ideas derivadas de aquel, en una ortodoxia ciega y fanática que excluye a quienes no comparten las creencias de los partidarios, seguidores o militantes. No rige, entonces, el pensamiento crítico, sino la adhesión acrítica a las verdades reveladas por los líderes indiscutibles, aunque estos, divinizados solo con las entendederas mundanas, pueden caer de las poltronas por razón de las coyunturas políticas y las banderías, acaso como resultado de desviaciones heréticas auspiciadas por otras corrientes.

La verdad revelada, así, es tanto una expresión de la trascendencia como una metáfora del dogmatismo. Y este opera en lo divino y en lo humano.

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