En tránsito
Eduardo Jordá
Temporal
últimamente están publicándose noticias sobre la existencia de propiedades sensitivas en el mundo vegetal. Se están realizando experimentos científicos buscando comprender la “inteligencia” natural de las plantas, su instinto de supervivencia, su capacidad sensitiva y de interacción dinámica con el entorno. En la Universidad de Murcia, en España, existe un grupo de trabajo que estudia la estructura de la “inteligencia” perceptiva que poseen, investigando cómo responden a los estímulos externos y su propia reacción autónoma.
Ya en 1966, un técnico de la CIA, Cleve Backster, informó sobre los hallazgos obtenidos al conectar unos electrodos en el tallo de las plantas, descubriendo que existían oscilaciones eléctricas variables, de acuerdo al comportamiento de su entorno próximo. Encontró que cuando se cortaba una hoja, o rama, se producía una excitación en las oscilaciones, y cuando se hacía sonar música relajante las oscilaciones eran más llanas. Igualmente, si aparecía la persona que había cortado la hoja, o se portaba la tijera, la planta reaccionaba y se excitaba. Repitió el experimento con otra planta presente, la cual sin sufrir daño mostraba la misma anomalía que la compañera. Es decir, llegó a suponer una comunicación entre las plantas, y mismo comportamiento, ante el daño o relajación de una de ellas, y un reconocimiento perceptivo de la causa. Incluso afirmaba Backster, que podían percibir pensamientos agresivos o agradables hacia ellas.
Basado en estos estudios, más tarde se publicó el libro “La vida secreta de las plantas”, escrito por P. Tompkins y C. Bird. En 1979, W. Green realizó un documental sobre el libro, con música compuesta por Steve Wonder, disco que tuvo éxito en los ochenta.
En el ámbito científico fueron puestos en dudas estos hallazgos, ya que son de difícil reproducción, o no concluyentes. Pero en la actualidad, desde hace unos años, se ha retomado este campo de investigación.
Está demostrado que las plantas poseen mecanismos de información química para comunicarse entre sí, avisando del cambio de circunstancias ambientales, o peligros. Igualmente poseen medios para estimular a insectos polinizadores, también activan sustancias tóxicas contra plagas, o herbicidas para evitar la competencia de espacio con otras especies vegetales.
En la antigüedad, los chamanes podían captar su actividad, por lo que les atribuían conciencia propia.
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