El reportaje

Del Sol de la Catedral a los nuevos geosímbolos (3)

  • Cada generación, con los interrogantes del momento, ha venido considerando su propia Historia, centrada en símbolos intangibles materializados, aunque parezca contradictorio

Del Sol de la Catedral a los nuevos geosímbolos (3) Del Sol de la Catedral a los nuevos geosímbolos (3)

Del Sol de la Catedral a los nuevos geosímbolos (3)

El símbolo es la definición de una realidad abstracta invisible a los sentidos bajo la forma de imágenes, la representación del Sol estará presente en el territorio almeriense. Los símbolos sólo se conservan si evolucionan, abandonando su propio ámbito de la pintura y escultura hasta llegar a los nuevos "geosímbolos", muy significativos en un espacio como el Sureste de la Península Ibérica. La conquista castellana del Reino de Granada tuvo como consecuencia en establecimiento de una inédita religión, con la consiguiente necesidad de preparar edificios para el culto cristiano, igualmente significó la llegada de repobladores cristianos viejos: la nueva civilización vencedora frente a la musulmana-mudéjar vencida con sus diferentes simbologías.

La huella islámica, con diversa fortuna y alternativas, especialmente en la primera época persiste, sin embargo la administración castellana, aparte de nuevos comportamientos sociales, inevitablemente originó cambios en el paisaje, aunque fuera de manera puntual según los territorios: la castellanización empezará a manifestarse. El caso de Gérgal, con su Iglesia parroquial y el castillo del conde de la Puebla sobre una trama urbana musulmana, es simbólico y reflejo de como una nueva civilización conquistadora se implanta sobre la conquistada. El levantamiento morisco de finales de 1568 y su expulsión del Reino de Granada trajo consigo un intenso y extenso proceso repoblador, por lo que la huella musulmana, inevitable y progresivamente, fue perdiendo fuerza, pero continuaba latente especialmente en el sistema agrario. "Y tengo para mí que nadie lloró, con tanta desventura, como los hijos de Granada.

No dudes mi dicho por ser yo uno de ellos y ser testigo de vista, que vi por mis ojos escarnecidas todas las nobles damas, así viudas como casadas, y vi vender en pública almoneda más de trecientas doncellas. Yo perdí tres hijos varones y dos hijas y mi mujer, y esta sola hija que tengo quedó para mi consuelo, que era de siete meses. Yo no lloro lo pasado, pues a ello no hay retorno, pero lloro lo que tú verás si has vida y atiendes en esta tierra, pues, si ahora, en tan breve espacio, parece que ya sustentamos de acarreo, ¿qué harás cuando vengan las postreras otoñadas? Si el rey de la conquista no guarda fidelidad, ¿qué aguardamos de sus sucesores? Todavía digo hijo que irá en aumento nuestra caída (citado por M. A. Ladero Quesada, 1969).

Quien así hablaba a un joven mudéjar de Arévalo, que había ido a visitarlo, era Yusuf Bannigas, imán de la mezquita granadina, un hombre notable. Los sucesos 1499 a 1501 vinieron a darle la razón. Y, vuelta la calma tras las conversiones, se abría un siglo incierto, el siglo de la Granada morisca, en el que madurarían las causas que iban a llevar a la ruina y desarraigo total del antiguo país islámico que tanto impresionó al viajero Jerónimo Münzer en 1494. Un caso muy significativo respecto de las oligarquías locales y el agua, es el de Diego Rubio, alguacil mayor y regidor perpetuo de la villa de Pliego "con voz y voto en su ayuntamiento". Este oficio según una "hijuela" de 1734 se le adjudicó valorado en 7.000 reales, entre otros bienes que recibió se encontraba un molino harinero en la huerta de Las Anguilas (tasado en 2.000 reales) y lindando con el mismo: "un pedazo de viña de cinco peonadas y media, algunas cepas más, 475 reales y dos tahullas en dos bancales poblados de moreras 780 reales; una hora y cuartillo y medio de agua de la hila de la Fuente Principal (Los Caños) de esta villa, en la tanda de Santa María día dos", valorada en 962 reales y medio.

Años después nos encontramos a Diego Rubio Pérez y Yarza, alguacil mayor y regidor perpetuo del concejo, justicia y regimiento pleguero

Años después nos encontramos a Diego Rubio Pérez y Yarza, alguacil mayor y regidor perpetuo del concejo, justicia y regimiento pleguero, compareciendo, 22 de octubre de 1748, ante el escribano público de la villa Diego Rubio López, junto con Javier García Molina y su mujer Josefa Martínez Valera, estos últimos manifiestan ser dueños de media hora de agua "en la hila y Fuente Principal (Los Caños) de esta dicha villa de Pliego, tanda de Santa María día dos", libre de todo gravamen, valorada en 660 reales, lindando con Diego Rubio Pérez y Yarza, el cual igualmente expone poseer media hora de agua en la tanda de Santiago día seis, tasada en 600 reales, ambos quieren cambiarlas.

En la comparecencia Diego Rubio Pérez y Yarza expone que su media hora de agua está gravada, junto con otras propiedades, por el vínculo/obra pía fundado en 1629 por María Gómez, carga reconocida por Javier García Molina y su mujer, comprometiéndose a "pagar la parte de limosna de misas que sobre sí tiene dicha media hora de agua", con los sesenta reales entregados por Diego Rubio Pérez y Yarza a Javier García Molina, confiesan tener igualdad ambas medias horas de agua". Cada generación, con los interrogantes del momento, ha venido considerando su propia Historia, centrada en símbolos intangibles materializados, aunque parezca contradictorio, en un patrimonio monumental, etnológico y documental que ha pasado por numerosos avatares no siempre afortunados, constituido en nexo de unión entre las personas y su entorno, entre lo viejo y lo nuevo, imagen de identidad espacial basculante del pasado al presente, incluso al futuro, siendo muy loable su conservación, máxime cuando en la actualidad todo se recibe elaborado, y asistimos a un proceso de universalización propicio a la desaparición de hechos aparentemente inmutables.

En el municipio de costumbres, tradiciones y fiestas, cuyo colofón lo constituyen la celebradas en honor de San Isidro Labrador y Divina Infantita

En el municipio de costumbres, tradiciones y fiestas, cuyo colofón lo constituyen la celebradas en honor de San Isidro Labrador y Divina Infantita, son reflejo de un auténtico sentimiento trascendental, y formas relevantes de expresión de la cultura y modos de vida tradicionales. La unión con el territorio lleva a la noción de medio físico y social como referente simbólico e iconográfico, a un espacio emblemático que tiene historia, pues su percepción incorpora la memoria, y en realidad cuando miramos el paisaje estamos recreándolo, cualquier reflexión basculará entre pasado y presente. Es significativa la cuestión de las personas que, por circunstancias muy diversas, han dejado su territorio, pero conservando, en mayor o menor grado, la identidad con su tierra de origen, haciendo buena la vieja canción argentina: "Camino y camino, siempre vuelvo a Tucumán".

Sin embargo, a lo largo de la Historia se dan numerosos casos de una perfecta adaptación, como la de los repobladores llegados el último tercio del siglo XVI, haciendo igualmente buenos los versos de Odysseus Elitis: "Lo que amo nace continuamente, lo que amo se encuentra si empre en su principio", sin omitir a los inmigrantes y emigrantes de la generación de nuestros padres y abuelos: estampas y enseñanzas de la Historia que no debemos olvidar. Actualmente estamos inmersos en una época de cambio histórico, no del fin de la Historia como erróneamente predijo Francis Fukuyama, los ejidenses deben reflexionar sobre las posibilidades y las limitaciones concurrentes en su espacio, recuperando la dimensión de coetaneidad, la Historia del presente de carácter interdisciplinar: la larga Historia de El Ejido no debe servir para agarrarse al pasado, sino para repensar el presente y preparar el futuro.

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