• Nacido en una familia humilde de agricultores, logró con tesón convertirse en un cirujano de gran prestigio

Veratenses | Gentes de la ciudad

Diego Ramírez: 40 años dedicados a la salud de los demás

El médico Diego Ramírez Soler, en su casa de la calle Mayor de Vera. El médico Diego Ramírez Soler, en su casa de la calle Mayor de Vera.

El médico Diego Ramírez Soler, en su casa de la calle Mayor de Vera.

V. Visiedo P.

Escrito por

· Víctor Visiedo

William Osler, considerado el padre de la medicina moderna, dijo que “el buen médico trata la enfermedad; el gran médico trata al paciente que tiene la enfermedad”. Por eso, el veratense Diego Ramírez Soler no es solo un médico, sino un gran médico. Prueba de ello es el cariño y reconocimiento que le muestran sus pacientes, muchos de ellas mujeres que han padecido graves patologías de mama y que han pasado por sus manos.

“Como se suele decir, el agradecimiento es el pan del alma. No obstante, la gente exagera en sus agradecimientos”, reconoce el doctor Ramírez, modestamente. Hace unas semanas, con motivo del Día Mundial Contra el Cáncer de Mama recibió una carta de esas que “consiguió emocionarme”. Y es que Diego tiene claro que “si te entregas a la gente, empatizas con ellos, eso nunca cae en saco roto”. Y su trabajo y humanidad ha llenado muchos sacos en sus 40 años de carrera.

Diego Ramírez ha sido cirujano en el Hospital de la Inmaculada de Huércal-Overa desde antes incluso que existiera el actual hospital. Ha llevado a cabo miles de operaciones, de todo tipo, aunque los últimos años ha estado especializado en la mama. ¿Pero cómo llegó este veratense de familia humilde a convertirse en uno de los cirujanos más prestigiosos de la provincia?

Nació en diciembre de 1949 en la calle La Plata. Sus padres, Pedro Ramírez y Cristina Soler, eran agricultores; gente modesta. Él era el mediano de tres hermanos. Su infancia estuvo marcada por la poliomielitis que contrajo con solo 18 meses y que hizo que tuvieran que operarle en varias ocasiones en Barcelona. Allí llegó a pasar tres meses, acompañado de su madre. “La verdad es que no lo recuerdo como un trauma”, asegura. Pero quizás esa experiencia dura, entre sanitarios, despertó en él la vocación. “No lo sé, la verdad, puede que tuviera algo que ver, pero si fue así tuvo que ser subconscientemente”, reflexiona.

Diego Ramírez estudió el bachiller en el Instituto Laboral Fernando el Católico, actual Alyanub. Un nombre, por cierto, que no le gusta nada. Forma parte de la asociación de antiguos alumnos que trabaja desde hace unos años para recuperar la vieja denominación del centro. Allí tuvo un profesor que era médico y que “me decía que tenía que ser practicante”. Seguramente fue otro de los motivos que despertaron esa vocación oculta.

Diego Ramírez es uno de los cirujanos más prestigiosos de Almería. Diego Ramírez es uno de los cirujanos más prestigiosos de Almería.

Diego Ramírez es uno de los cirujanos más prestigiosos de Almería. / V. Visiedo P.

Sus padres ya habían cambiado el campo por una panadería en la Placeta del Berro. Un establecimiento que ha pasado a la memoria de los veratenses como la panadería de Cristina, pues era su madre quien despachaba tras el mostrador. Este cambio de perspectiva laboral familiar hizo que, no sin esfuerzos, Diego lograra ser el primer universitario de su familia.

Dejó Vera y se fue a Granada para estudiar Enfermería. “Allí me impregné del ambiente médico y nació en mí el deseo de continuar formándome”, admite. Por eso regresó al pueblo para hacer el bachiller superior y poder luego estudiar Medicina. Simultaneó sus estudios con el trabajo como enfermero en el Hospital Clínico de San Cecilio.

Fue entonces, con 24 años, cuando llegó el momento que cambiaría su vida para siempre; el punto de inflexión. Estaba aún estudiando 3º de Medicina cuando decidió casarse con María Victoria, su novia de toda la vida. “Mi mujer convirtió mis ilusiones en las suyas. Ha sido el pilar fundamental de mi vida”, admite Diego.

Vivieron seis años en la ciudad nazarí. Una vez acabada la licenciatura, Diego realiza los estudios de postgrado durante tres años como médico residente en el Hospital de San Cecilio. Hasta que se presentó al concurso para la especialidad de cirugía y consiguió la plaza en Huércal-Overa.

Al inicio no fue fácil dejar Granada y el San Cecilio para ir a un destino donde había un hospital muy modesto e incipiente. Confiesa que “al principio me habría ido a otro hospital con los ojos cerrados, pero luego ni por todo el oro del mundo”. Y es que, con el paso de los años, “lo que parecía una desgracia ha sido una suerte”.

En el hospital huercalense ha escrito su nombre con letras de oro. Su extenso currículo daría para llenar varias de estas páginas, pero no es ese el objetivo de este perfil, sino dar a conocer mejor a la persona que hay tras los títulos. No obstante, cabe destacar su título de Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Granada con la calificación de apto “Cum Laude” en 1990, haber obtenido el Premio “Enrique Hernández López” y ser nombrado académico correspondiente de la Real Academia de Medicina de Granada por su trabajo “Influencia sobre la absorción del calcio, fósforo, magnesio y zinc, en conejos con resección intestinal, de un nuevo modelo experimental de válvula ileocecal”, logrado en 1994.

El doctor con su libro sobre Senología. El doctor con su libro sobre Senología.

El doctor con su libro sobre Senología. / V. Visiedo P.

Un año más tarde, en el 95, estudiaría un máster de Patología Mamaria-Senología de la Universidad de Barcelona. Así se especializaba en la parcela a la que se le asocia más. De hecho, fue el fundador y coordinador de la Unidad Funcional de Mama del Hospital La Inmaculada de Huércal-Overa desde el año 2000 hasta su jubilación en 2017. También cofundó Coalmama, la asociación de mujeres mastectomizadas de la zona norte de Almería.

La jubilación y la escritura

Con su jubilación en 2017, Diego Ramírez decidió reunir todos los conocimientos adquiridos en tantos años de profesión y compartirlos con los demás en un libro. “Tenía una gran cantidad de fotos, ya que siempre tuve la costumbre de ir con la cámara tomando imágenes, así que me encerré un año a escribir”. Así nació “Senología. Valoración y toma de decisiones en Atención Primaria”, un libro de carácter científico que le valió el reconocimiento del Ayuntamiento de Vera con la Pluma de Oro 2019.

Pero Diego es también un amante de la poesía, un género en el que se desenvuelve con “más interés que acierto”, dice. De hecho, durante el confinamiento ha participado en el poemario “Resistir en verso”, donde comparte páginas con sus amigos Diego Alonso Cánovas y Diego Reche Artero.

Diego Ramírez recibe la Pluma de Oro del Ayuntamiento de Vera en abril de 2019. Diego Ramírez recibe la Pluma de Oro del Ayuntamiento de Vera en abril de 2019.

Diego Ramírez recibe la Pluma de Oro del Ayuntamiento de Vera en abril de 2019. / V. Visiedo P.

Pero aunque muchos quizás ni lo sepan, también es autor de una obra cada vez más conocida por los veratenses: el romance de ciego que se recita cada 9 de noviembre con motivo del aniversario del terremoto que destruyó la vieja ciudad de Bayra. Narra, como nunca antes se había hecho, los trágicos momentos vividos aquella noche: “un suceso luctuoso que / a todos dejó aterrados. / La historia más lastimera / recordada por humanos. / Ninguna, en pliegos contada / ni en escrituras plasmada, / se asemeja a tal estrago” (extracto del romance).

Ahora, Diego Ramírez no ha abandonado del todo la medicina. Pasa consulta una vez a la semana en una clínica privada. Pero la mayor parte de su tiempo la dedica a la lectura (le encantan las novelas y ensayos históricos), a dar paseos y disfrutar de los dos nietos que le ha dado su hija Cristina.

A lo largo de los años, el doctor Diego Ramírez ha obtenido muchísimos reconocimientos oficiales por una carrera exitosa. Pero el mayor reconocimiento que se le puede hacer a una persona es el cariño de tanta gente. Ese es el auténtico comprobante de un trabajo bien hecho y con pasión. Y Diego cuenta con el amor de mucha gente. Su entrega no cayó en saco roto.

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