Semana Santa

Santo Sepulcro (I): Cristo yacente y apellido Vílches

El peso del trono y la estrechez de las calles muestran el esfuerzo al portar el Santo Sepulcro El peso del trono y la estrechez de las calles muestran el esfuerzo al portar el Santo Sepulcro

El peso del trono y la estrechez de las calles muestran el esfuerzo al portar el Santo Sepulcro / Rafael González

En el Boletín Semana Santa-1998 de la Real Hermandad del Santo Sepulcro, Emilio Salort Mesa trata de los orígenes de esta congregación piadosa: “… Desde el siglo XVII, fecha en la que la familia Vílches, procedentes de tierras de Jaén, se instala en la ciudad de Almería, se verifica por parte de esta la procesión del Santo Entierro de Cristo (según documento conservado en el Archivo de la Casa de Medina Sidonia y contrastado con otro existente en el Archivo Histórico Provincial de Jaén). Éste lo hacía sólo con la urna que aparece en unas fotografías, de estilo barroco, con decoración y portados por miembros de la familia Vílches en unas sencillas andas, vistiendo traje de la época, con grandes capas negras que serán suprimidas en época de Carlos III… “. Más adelante se refiere a Ntra. Sra. de los Dolores y a una procesión de San Juan con las imágenes del Cristo de la Expiración y de una Virgen de la Piedad o de las Angustias, portadas a hombros en esta ocasión por la familia Pérez de Perceval, “tal como aparece en un documento existente en el AHPAL. Rodríguez Puente (“Dramaturgia procesional de Almería”) va más allá:

“La imagen de Cristo, en posición decúbito supino, y en estado de rigidez cadavérica, figuraba sobre una artística urna de madera, adornada con tallas barrocas y superpuestas a unas sencillas andas… “. En beneficio de la historiografía semansantera sería de agradecer que publicasen lo esencial de tales documentos y su referencia archivística concreta. Así nos expresábamos en un artículo editado en marzo de 2008; solicitud que no solo no ha obtenido repuesta en el tiempo transcurrido sino que en distintos soportes siguen insistiendo en ello.

ESCEPTISCISMO

Se hace difícil asumir que una manifestación pública pasionista con tanta carga simbólica se gestionase por particulares; que la jerarquía eclesiástica la permitiera en manos privadas y no auspiciada por cofradía alguna o la propia parroquia. Sorprende igualmente que los historiadores eclesiásticos pasasen del tema y/o no lo abordasen escritores locales. He consultado lo sustancial de la obra de Pascual Orbaneja, Carpente Rabanillo, Jover y Tovar, Bolea y Sintas, Joaquín Santisteban, Tapia Garrido, Martín del Rey, Fernando Ochotorena, Florentino Castañeda, Ruz Marques, Emilio García Campra o Gil Albarracín y, salvo error u omisión por mi parte, nada aclaran sobre un cortejo con la imagen de Jesús de Galilea muerto y portado sobre andas funerarias. Al ocuparme de procesiones en el siglo XVIII comentaba, una hoja suelta hallada por Santisteban Delgado en el archivo de los Pérez de Perceval. Parece que Manuel J. Abad tuvo también acceso a esta fuente, y más suerte, añadiendo: “… Según la nota que aparece en el libro de fundación de una capilla por la familia Pérez de Perceval, se verificaba el entierro de Cristo en San Pedro y La Soledad de Santiago”.

VÍLCHES EN ALMERÍA

El primer miembro de la extensa y poderosa saga en establecerse en la ciudad fue (ver Ruz Márquez) fue Juan de Vílches Calvente (1529), de la compañía de Guardias Viejas de Castillas al mando del corregidor Juan Hurtado de Mendoza. Varios de sus descendientes posteriores figuran en el Padrón de Nobles de la ciudad (Pedro de Vílches era, además, cofrade “distinguido” de la del Cristo Coronado de Espinas y María Santísima de la Esperanza, radicada en el convento de San Francisco). Más cercano en el tiempo es Joaquín Vílches y Baeza (Almería, 1789-¿1862?), figura sobresaliente del liberalismo burgués decimonónico: “liberal exaltado en su juventud”, en definición de García Campra. Acaudalado terrateniente, con muchísimas tahúllas de regadío en el Campo del Alquián y Vega de Acá. Político influyente, en sucesivas etapas ocupó los cargos de alcalde y presidente de la Junta Municipal de Beneficencia, Jefe Político de Almería (gobernador), y diputado en Cortes. Participó en la intentona de Los Coloraos e inauguró el cenotafio de Belén en homenaje a las víctimas del despotismo alfonsino. Diferentes obras públicas llevan su sello: construcción en el Puerto del primer embarcadero (1847), carretera de Níjar, malecón de San Luis o reformas en el Ayuntamiento. Tras la desamortización de bienes eclesiásticos adquirió el que fuera convento de San Francisco.

De su primer matrimonio con Mª del Carmen Gómez Puche nació Felipe (Almería, 1827-1900). Liberal como su padre, fue igualmente concejal, diputado y presidente de la Diputación Provincial. No hacía “buenas migas” con la Monarquía y en 1862, cuando la visita de Isabel II, rechazó la Gran Cruz de Isabel la Católica, y más adelante la de Carlos III. Los negocios y hacienda prosperaron bajo su eficaz gestión comercial. Colaboró en la fundación del primitivo Monte de Piedad (luego Caja de Ahorros, costeó la segunda torre del templo de San Pedro -inconclusa desde el proyecto de Juan Antonio Munar- y presidió la sociedad constructora de la plaza de toros levantada en el huerto de los López (paraje de Jaruga)

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