Toros Un paquetito de bombones

  • Juan Pedro Domecq lidia un encierro de suma nobleza en Zaragoza

  • Enrique Ponce corta dos orejas y Álvaro Lorenzo una

  • Cayetano se marcha de vacío

Enrique Ponce, en un derechazo a su primer toro en Zaragoza. Enrique Ponce, en un derechazo a su primer toro en Zaragoza.

Enrique Ponce, en un derechazo a su primer toro en Zaragoza. / Javier Cebollada / Efe

La corrida de Juan Pedro Domecq en Zaragoza, cuya ganadería ha cosechado una temporada con triunfos importantes, fue como un paquetito de bombones –como bombón se conoce en el argot al toro de suma nobleza– para que los diestros Enrique Ponce, Cayetano y Álvaro Lorenzo triunfaran en la plaza de Zaragoza. Únicamente Ponce y Lorenzo consiguieron un trofeo cada uno en un festejo que resultó entretenido.

Enrique Ponce se las vio en primer lugar con un astado excelente y nobilísimo ante el que realizó una faena estética, con ligazón y chispazos de gusto, destacando especialmente con la diestra y cerrando con unas poncinas. Al entrar a matar resbaló en una raya y el toro, a cambio de un pinchazo, llegó a marcar un pitonazo en su costado izquierdo que, afortunadamente, quedó en un susto. Enterró la espada en el segundo envite y fue premiado con una oreja.

Ante el cuarto, un buen toro, Ponce realizó una faena variada. Con la derecha hubo varias tandas con ligazón y con la izquierda descolló con algunos buenos naturales en los que citó con el envés de la muleta. Fue muy ovacionado en una serie que culminó con un par de pases afarolados. Epilogó con poncinas y un abaniqueo y tras un pinchazo arriba efectivo fue premiado con otro trofeo.

Cayetano, que contó con el lote con menos transmisión, no llegó a aprovechar a su primero, un astado noble y con escaso motor. Su labor, que inició con un par de estatuarios, resultó anodina.

El quinto, noble y con escaso brío, estuvo a punto de cornear a Rafael Rosa en el primer par de banderillas. Cayetano concretó un trasteo voluntarioso y con más fibra que en su anterior, aunque tampoco cobró altura. Mató de estocada desprendida.

Álvaro Lorenzo consiguió una faena muy técnica ante su primero, protestado por su falta de trapío y su excesiva flojedad. El animal se quedaba algunas veces corto por su casi invalidez y el diestro toledano, a base de paciencia y temple consiguió buenos muletazos por ambos pitones, cerrando con unas bernadinas sin la ayuda y con la muleta semiescondida en los cites. Mató de certera estocada y fue premiado con una oreja.

Ante el que cerró plaza, alto, Lorenzo realizó una faena larga que comenzó con un pase cambiado por la espalda con la izquierda. Aunque dio distancia al animal, faltó transmisión en sus embestidas, con cierta aspereza en los finales de los viajes, en el núcleo de una labor que acabó en un arrimón.

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