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Coronavirus

Templo vacío, Iglesia llena

  • Bancos vacíos, lecturas que hacen eco. tallas religiosas como únicos comparecientes en misas que tratan de llevarse a cada hogar

Manuel oficia misa en el templo de San Sebastián, totalmente vacío. Manuel oficia misa en el templo de San Sebastián, totalmente vacío.

Manuel oficia misa en el templo de San Sebastián, totalmente vacío.

Como cada día, Manuel Cuadrado se pone su hábito, prepara sus lecturas y tiene a mano el pan y el vino, que poco después bendecirá para convertir en cuerpo y sangre de Cristo. “Tomad y comed todos de él porque este es mi cuerpo que sera entregado por todos vosotros. Tomad y bebed todos de el porque esta es mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por todos vosotros”. No se escucha una respuesta, son sus propias palabras las que van perdiendo sonoridad a lo largo de la cruz latina del templo de San Sebastián.

Sin embargo, Manuel se toma el mismo tiempo en la liturgia, como si su mente sintiera que está acompañado por sus fieles. Como cada día desde que es párroco de la casa del Cristo del Amor y Nuestra Señora del Primer Dolor, imágenes que representan a todo los cofrades que no pueden estar presentes por culpa del coronavirus y que son su principal compañía en la inmensidad y la frialdad de un santuario vacío en lo físico, que no en lo espiritual.

“Los sacerdotes estamos llamados a pedir por nuestro pueblo. El templo ahora está cerrado, pero no la Iglesia, que somos nosotros. No veo rosotros, pero siento a la gente, a todos los que están ayudando en estos momentos tan complicados. Es una manera diferente de vivir la Eucaristía”, en unas semanas tan complicadas, en las que el papel de la fe es fundamental para los cristianos: “Son días dolorosos, tristes, pero también de serenidad y paz, algo que necesitamos para superar esta tragedia. Sólo tengo palabras de esperanza, sabemos que el Señor está con nosotros en cada momento del día”.

Una vez que el “podéis ir en paz” da por concluida la misa, Manuel prosigue su entrega al pueblo. Ésta pasa por dar la comunión, y de forma más triste la unción de enfermos a quien lo necesita. Siempre con todas las medidas de protección necesarias. “¡Cómo no vamos a acercarnos a quienes nos demandan! La ayuda espiritual a quien los necesita y a sus familias también es importante”, asegura el párroco, que convierte la sacristía en un confesionario improvisado para que haya alrededor de dos metros de distancia de seguridad entre sacerdote y fiel.

Un momento de una confesión. Un momento de una confesión.

Un momento de una confesión.

Colocados en sus repisas los Evangelios, mano al ordenador y al móvil. El párroco de San Sebastián aprovecha las nuevas tecnologías para enviar ejercicios espirituales a su comunidad. “El Papa Francisco nos ha dicho que la Iglesia es salida, que debe de acercarse a los hogares. Debemos de comunicar la Palabra de Dios a través de los medios de comunicación, de Internet, de guasap...”, lo que servirá para acercar a su Señor y a Señora a los cofrades a lo largo de esta Semana Santa tan extraña que se nos avecina:“Tenemos la perspectiva de transmitir esos días la Eucaristía a través de youtube o de alguna plataforma. Va a ser doloroso no poder procesionar, pero el Cristo y la Virgen estarán en las calles, en el corazón de cada persona que transmita esperanza estos días”. Amen.

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