El pasillo de un metro junto al AVE de Almería obliga a peatones a turnarse

Las obras de la estación del AVE han reducido la acera entre la rotonda Manuel Fraga y la autovía del Aeropuerto a un pasillo provisional de apenas un metro

Las marquesinas ya esperan la llegada del AVE en Almería y asoman sobre el soterramiento

El estrechamiento se mantiene desde hace semanas y obliga a peatones, bicicletas y patinetes a coordinar cada cruce en un tramo muy transitado

El acceso peatonal hacia la futura estación del AVE en Almería se ha convertido en un corredor donde dos personas no caben a la vez. Cuando coinciden, una se ha detenido o ha retrocedido. El paso se ha reducido a un metro en uno de los puntos con más tránsito de la ciudad.

El tramo afectado se ha situado entre la rotonda Manuel Fraga Iribarne y la autovía del Aeropuerto. Donde antes había una acera amplia, ahora ha quedado un pasillo estrecho delimitado por vallas de obra a un lado y carriles de circulación al otro.

El recorrido discurre pegado al asfalto, sin margen para adelantamientos ni maniobras. Peatones con bolsas, viajeros con maletas y usuarios de patinetes han tenido que avanzar en fila india en ese tramo junto a la carretera.

Cuando dos personas han coincidido frente a frente, una ha tenido que esperar o retroceder varios pasos hasta encontrar un hueco. Si aparecen bicicletas o patinetes, el paso se ha convertido en un pequeño atasco humano dentro del estrecho pasillo.

La situación se ha repetido a lo largo del día, especialmente en las horas de llegada de autobuses o trenes. El flujo se ha multiplicado y los cruces se han negociado con gestos o miradas dentro de ese metro escaso de acera.

Cruces que se negocian metro a metro

El estrechamiento no ha sido puntual. El pasillo se ha mantenido durante semanas mientras han avanzado los trabajos de la futura estación del ferrocarril, hasta convertirse en parte de la rutina diaria del entorno.

A escasos centímetros, coches y autobuses han pasado a velocidad urbana. La proximidad del tráfico ha obligado a caminar con atención constante, sin margen para desviarse ni separarse del borde del carril.

El punto afectado no ha sido un tramo secundario. Es la conexión directa entre la rotonda principal de acceso, el hotel cercano y las paradas de autobús, un recorrido habitual para quienes llegan a la ciudad o se dirigen al transporte público.

La escena se ha repetido durante todo el día: peatones detenidos a la entrada del corredor, bicicletas esperando su turno y viajeros observando el tramo para comprobar si podían avanzar con su equipaje.

El estrechamiento ha convertido la acera en un embudo donde el paso se ha regulado de forma espontánea entre los propios usuarios, sin señalización específica ni carriles diferenciados para peatones o patinetes.

Un acceso principal convertido en embudo

Mientras han continuado las obras de la estación, este corredor provisional se ha mantenido como único acceso peatonal en ese punto, transformando un trayecto habitual en un recorrido donde cada cruce se ha negociado metro a metro junto a la estación.

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