Almería ya 'abraza' a las tiendas de segunda mano: "Nos dan la oportunidad de encontrar tesoros"
Economía
Este tipo de comercios están en pleno auge y cada vez son más los clientes que optan por ellos y por romper la "barrera cultural" de lo usado
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Ropa que cambia de armario, libros que se resisten a acabar en el olvido, mobiliario que se amolda a un nuevo hogar y unos hábitos de consumo que evolucionan. Las tiendas de segunda mano viven un momento de expansión en España y Almería no es ajena a este fenómeno, que ha dejado de ser una opción marginal para convertirse en una alternativa cada vez más normalizada entre la ciudadanía.
Según el primer informe extensivo que cuantifica el número de establecimientos de moda de segunda mano en el país, España cuenta con unas 743 tiendas físicas repartidas en 178 municipios, una cifra que podría ascender hasta las 800 si se tienen en cuenta pequeños comercios no registrados. Andalucía, junto con Cataluña y la Comunidad de Madrid, concentra la mitad de estos establecimientos, situándose como uno de los principales focos del mercado de la reutilización.
El cambio también se refleja en los hábitos de consumo: tres de cada cinco españoles compran ya ropa de segunda mano, y la moda representa en torno al 70 % del valor total de los productos reutilizados vendidos en España, consolidándose como el principal motor del sector.
En Almería, una de las referencias es Koopera Store, vinculada a Cáritas Diocesana. Su gerente, Mari Carmen Torres Galdeano, observa este crecimiento con una doble mirada: como profesional y como ciudadana. “Me parece una muy buena opción y una oportunidad. La gente está tomando conciencia ecológica y ambiental, pero también social”, explica.
En Koopera, la ropa va más allá del consumo. “La utilizamos como una herramienta”, señala Torres. Las prendas donadas se destinan tanto a la venta como a programas de inserción sociolaboral. La empresa es, de hecho, la única de inserción de la provincia, y ofrece empleo y formación a personas en riesgo de exclusión social. Uno de los obstáculos históricos ha sido la llamada “barrera cultural” asociada a la ropa usada. “Desde que empezamos en 2015 hemos notado un cambio enorme”, afirma la gerente. Parte de ese proceso pasa por garantizar la calidad y la higiene: toda la ropa pasa por un sistema de ozonización antes de llegar a tienda, incluso aunque haya sido donada en perfecto estado.
Un perfil de cliente transversal
Lejos de la imagen asociada únicamente a personas con menos recursos, el perfil del cliente es hoy mucho más transversal. Torres lo confirma: “Viene gente joven, personas que han viajado por Europa, influencers, gente que busca prendas originales o vintage”. Una tendencia que también respaldan los datos: según Humana Fundación Pueblo para Pueblo, en 2024 sus tiendas cerraron el año con 2,9 millones de clientes, y los menores de 25 años representan ya cerca del 20 % de los compradores, el doble que hace unos años.
En la propia tienda, Puri, una clienta asidua lo resume con naturalidad: “Por el precio que te cuesta una prenda en una tienda habitual, aquí voy bien vestida. Me da igual que la haya usado otra persona; ahora va en mi cuerpo y es distinto”. Esta misma clienta asevera que no por comprar en este tipo de comercios deja de acudir a los convencionales: “Yo combino tiendas normales y de segunda mano. Lo que me interesa en precio y calidad, lo compro”, abunda.
El espejo europeo aparece de forma recurrente en los testimonios. Clientas procedentes de Holanda, Francia o Bélgica se sorprenden de que en España aún no esté tan extendido este tipo de comercio. “En Holanda hay tiendas de segunda mano en cada ciudad y en cada pueblo”, explica Sofí, una de ellas. Allí, no solo se vende ropa, sino también muebles y todo tipo de objetos reutilizados. "Quienes compran en H&M o Primark van todos iguales; si compras algo en una tienda de segunda mano, tienes algo original", espeta.
Torres, la gerente de Koopera, secunda esta corriente: “En el norte de Europa y en el norte de España esto está totalmente normalizado. Aquí vamos por detrás, pero es cuestión de tiempo”. En este sentido destaca que en el norte de España ha habido una cultura, una sensibilización mucho mayor y alude a las ecoescuelas, en las que a los niños ya se les enseña la importancia de este cuidado medioambiental y al usar la ropa también de segunda mano. "Se trata de contribuir a que no se vuelva a fabricar una prenda habiendo otras que están en condiciones de volver a usarse", argumenta Torres Galdeano, al tiempo que hace hincapié en las campañas promovidas por Koopera con presencia en redes sociales y colegios.
Eva es otra clienta que ha virado sus hábitos de consumo hacia otros más sostenibles. "Comprar en tiendas de segunda mano nos da la oportunidad de encontrar auténticos tesoros", afirma recordando unas lámparas artesanales que adquirió por tan solo 25 euros. "También nos da la oportunidad de darle una segunda vida a la ropa, de no contaminar, reciclar y poder confeccionar formas de vestir con imaginación", especifica.
Libros con segunda (y tercera) vida
El fenómeno de la reutilización no se limita solo a la moda. En pleno centro de Almería, El Cementerio de los Libros Olvidados se ha convertido en un refugio para lectores y curiosos. Su gerente, Óscar Llorente, explica que la idea surge del amor compartido por los libros y del rechazo a verlos 'descansar' en la basura. “La cultura tiene que ser accesible a todo el mundo, y a un precio razonable. Aquí todo vale 3 euros”, espeta.
Los libros llegan a este establecimiento principalmente por donaciones o mediante compras simbólicas a 0,25 euros por ejemplar, lo que permite mantener precios bajos. La librería alberga entre 2.000 y 3.000 volúmenes, desde narrativa contemporánea hasta clásicos, poesía, ensayo, libros infantiles o idiomas. Y es que el público es tan variado como el catálogo. “Viene gente joven, mayor, turistas, lectores habituales… no hay un perfil único”, explica Llorente. Y resume su filosofía con una comparación clara: “Por el precio de una novedad, aquí te llevas siete u ocho libros. Es más barato que una cerveza”. "Aquí el que el que entra y no sale con ningún libro, o no está despirado ese día, o es que realmente no le gusta leer", apostilla.
Desde la pandemia, la lectura y el consumo responsable parecen haber ganado terreno, impulsados también por las redes sociales y una mayor conciencia ambiental. En ciudades pequeñas como Almería, el proceso es más lento, pero constante. Lo que antes se asociaba a la necesidad, hoy se vincula a valores como la sostenibilidad, la economía circular y la originalidad. Ropa que no va al vertedero, libros que siguen pasando de mano en mano y comercios que, además de vender, construyen comunidad.
Tal y como lo defiende Mari Carmen Torres, “tu forma de vestir también define una ética, una manera de contribuir al planeta y de cuidar a las personas”. Y lo que parece estar claro es que en Almería, esa ética empieza a ocupar cada vez más espacio en escaparates, estanterías… y armarios.
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