"Salí corriendo, el viento estaba reventando los invernaderos": Las heridas que deja Oriana en el Mar de Plástico
Decenas de agricultores recomponen los destrozos sufridos por los vientos huracanados y los remolinos para tratar de salvar el final de la campaña de invierno
Más de 50 hectáreas destruidas: así ha sido el paso de la borrasca Oriana
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La parte más escarpada de la Sierra de Gádor está a un tirar de piedra. De hecho, desde el interior de la finca de José Fernando Luque impone mirar hacia arriba y ver cómo se alza la montaña, al no haber plástico en esa parte del invernadero. El viento de la borrasca Oriana lo arrancó como si fuera un simple banderín.
“Nunca había vivido una cosa similar. El sábado por la tarde, cuando llegué, me daba miedo entrar, parecía el fin del mundo. Parecían los truenos el estruendo que venía de la montaña”, recuerda este agricultor de la zona de El Pampanico, en El Ejido, que vio cómo volaban bandas de su invernadero así como de las fincas vecinas: “Escuchaba cómo el viento reventaba alambres, tejidos, plásticos... Fue una locura, un caos, la verdad es que pasé miedo”, lo que le llevó a irse rápidamente tras echar un vistazo somero: “Abrí la puerta, entré, y no tardé ni dos minutos en salir, porque vi la estructura que se me podía venir abajo”.
Son tres hectáreas las que José Fernando tiene a los pies de la montaña. Por fortuna, con pocos daños. Los melones, recién sembrados, están intactos, bajo la manta térmica. Los pimientos california, que este año son un tesoro ante el dañino parvispinus, estaban listos para ser recogidos a mitad de semana. Los tomates de ensalada, que pronto estarán en Indasol, son los que más apremian porque unas cuantas líneas están al aire libre al volar las bandas que las cubrían. “Y encima puedo decir que hemos tenido suerte porque si esto pasa en el mes de enero con el frío o dentro de unas semanas, que el sol ya pegará con mucha más intensidad, hubiera sido fatal para las matas”, indica el agricultor ejidense.
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Afectado en lo anímico, conforme pasan los días José Fernando trata de levantarse. Y lo va a hacer, seguro. De hecho, todo marchaba bien en una campaña complicada a causa de las plagas. Hasta que la maldita Oriana sopló y sopló. “He dado parte al hombre que se encarga de los invernaderos para que me lo arregle y a las alambradoras. Normalmente cuando hay un daño así, te lo cubre la aseguradora si lo tienes asegurado, como es mi caso”, explica y confía en que las distintas administraciones les tiendan la mano: “Esperamos tener alguna línea de ayudas de la Junta o del Gobierno. Esta campaña está siendo muy difícil, ha llovido mucho, la climatología ha sido muy adversa y nos está costando mucho más criar que otros años. Esperamos alguna ayuda para poder tirar para adelante”, dice coloquialmente.
Mi vecino estaba llorando, el invernadero tenía un año y estaba por los suelos”
Del invernadero de José Fernando se puede salir en dos direcciones: si vas hacia la izquierda, el camino conduce hacia el invernadero de Paco Rubio. O lo que queda de él. Hacia la derecha, camino agrícola donde te encuentras de frente con matas de pimiento lamuyo al aire libre. No es que su vecino Marcos se haya quedado anclado en tiempos pre Mar de Plástico, sino que las rachas de 140 km/h. se cebaron con la finca. “Cuando vine el domingo por la mañana a ver mi invernadero, me encontré uno de mis vecinos llorando impotente. Hace un año había hecho el invernadero y ahora lo tiene por el suelo”, literalmente por el suelo. Se libraron unas pocas líneas que el miércoles la familia se afanaba por coger para salvar los kilos que puedan.
Ventanas de invernaderos, en ramblas cercanas
Las dipladenias de Paco Rubio sí que han salvado, no así el invernadero. Una colla de trabajadores se dan brío en echar en alambre para formar todo el emparrillado sobre el que se asentará el plástico. “Me he encontrado algunas ventanas del invernadero que volaron en la rambla de allí enfrente y otras ni las encuentro”, explica el agricultor, mientras revisa cuidadosamente las más de 400.000 plantas que crecen estos días, a pleno sol: “Me la estoy jugando. Si hacen días como éste [en referencia al miércoles], creo que las dipladenias pueden aguantar hasta que me arreglen el invernadero. Lo malo hubiese sido el mes que viene, cuando la radiación solar será mucho más fuerte. Pero ahora mismo cruzo los dedos, no he visto nada raro”, se congratula aunque en su mirada se percibe desazón.
Mientras Paco habla, un trabajador del alambre pasa por encima. A toda prisa dentro de los límites que la estructura del emparrillado permite a uno moverse. “El plástico está pedido desde el lunes, la fábrica se está portando muy bien porque le han metido prioridad. A esta gente [en referencia a la colla de trabajadores] también tengo que agradecerles que tenía otros trabajos y los han dejado para estar hoy aquí conmigo arreglando esto de sol a sol”, finaliza el agricultor mientras recibe unas palabras de ánimo de José Fernando, que saca fuerzas de flaqueza para apoyar a sus vecinos.
Las heridas que deja Oriana aún supurar. Pronto cicatrizarán, al albur de una nueva campaña, pero de momento siguen doliendo. Los agricultores, como siempre hacen, se recompondrán. Como ante las plagas, al campo le toca ahora saber adaptarse a estos agresivos fenómenos meteorológicos, por desgracia cada vez más habituales.
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