‘Días sin pájaros’, de Perfecto Herrera Ramos

08 de febrero 2026 - 03:09

La semana pasada, el poeta almeriense Perfecto Herrera presentó en la librería Picasso el poemario Días sin pájaros. Se trata de la sexta entrega poética, publicada por la Ed. Olé libros que supone un peldaño más de calidad y perfección en la poesía del autor virgitano. En 45 poemas, dispuestos claramente en dos partes, el poeta expresa, en la primera, el dolor y la tristeza, junto a la melancolía y la nostalgia que ya se desprenden del propio título, pues no hay nada más triste en el mundo que un día sin pájaros -sólo hay que recordar los días de la pandemia- a través de un mundo de oscuridad, de sombras, de niebla, neblina o nublos que se mantiene hasta el poema 19 -que se titula, curiosamente, Al trasluz-. A partir de ahí, y hasta el final, se produce el paso de la oscuridad a la luz, del dolor a la esperanza, del abatimiento y la soledad al consuelo y el reencuentro con el mundo.

Desde los primeros versos del poemario ya entramos de manera decidida, sin preámbulos, en la atmósfera de angustia y de dolor en la que quiere introducirnos el poeta: “Cierto, también hay días sin hojas y sin pájaros,/con palabras de niebla por la boca/y manos invisibles desde la oscuridad” y desde los primeros versos también la expresión del sentimiento del autor y las claves temáticas de su obra: “nunca se sabe si es vacío este dolor”, “el desamparo ardía en la desesperanza”, “Al final, al fin, solo es un día sin pájaros…/Permanezcan ahí como piedras oscuras,/ como silencios negros al lado de mis alas”. Ese sentimiento que expresa el poeta se manifiesta de manera especial en el léxico y en el metaforismo empleados. El poema VI es un buen ejemplo, se trata de un texto relativamente corto y, sin embargo, recoge todos los términos posibles para introducirnos en el dolor y el sufrimiento del poeta: “asfixia, penumbra, niebla, helor, veneno, agraz, fastidio, perdición, miedo, hollín, dolor, sangre”. Y por citar sólo algunos ejemplos del metaforismo: “vacío hasta el lamento del aliento tembloroso y sombrío”, “la espuma espejeante del abismo”, “la noche gira y cantan un son de soledades”

La segunda parte nos trasporta a la luz. Así se cierra el poema XIX precisamente con ese paso de la sombra del dolor a la luz de la esperanza: “Sí, al trasluz;/en el difuso límite/donde se transustancian/lo oscuro y lo lumínico”. Si antes el poeta miraba para abajo, hacia la tierra que sustenta el mundo doloroso y sombrío, ahora lo hace hacia arriba, hacia la luz y el universo donde encontrar esa salvación para soportar el dolor “mas espero que el dios del territorio/donde triunfa la luz, no me abandone nunca”. Ahora ya el poeta “Vive a bocanadas” o “simplemente abril eras tú” y ahora ya “las moreras alimentan pájaros” y amanece “ardiendo la luz” y, al final, todo es luz “inverosímil luz, indefinible luz, luz errante, vertiginosa luz”.

Nos encontramos, en fin, ante un poemario, ajeno a cualquier moda o escuela poética, que es, en sí mismo, un perfecto ejemplo, haciendo honor al nombre del poeta, del buen hacer poético, del trabajo bien hecho, del ajuste expresivo más que medido entre el sentimiento del autor y la manera de trasmitirlo al lector. Estamos, pues, ante una bella muestra de un quehacer artístico coherente que nos hace pensar en un mundo imperfecto donde los días sin pájaros son demasiado frecuentes. Léanlo y disfruten.

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