Meter la pala

07 de febrero 2026 - 03:07

La reunión que la UDA mantuvo con las peñas esta semana, medida ya habitual y muy acertada, puesto que permite palpar la voluntad y las sensaciones de los aficionados, evidenció que el club posee una más que lógica preocupación por el ambiente que se vive en el estadio. Si hace algunos años, coincidiendo con la euforia del último ascenso, la masa social dio un paso de gigante en número y rutinas, lo cierto es que en estas temporadas estamos asistiendo a una especie de enfriamiento. Como el alumno que, harto de recibir elogios, se acomoda. Los quince mil abonados que sistemáticamente ya se logran en agosto, impensables antaño, se traducen en poco más de diez mil por partido. El himno, cantado antes a viva voz, se diluye ante la desgana de muchos, hartos de su complejidad. Los cánticos cada vez son más tenues. Solo los desplazamientos, donde la hinchada sigue respondiendo numéricamente, parecen sobrevivir a aquel éxtasis de la primera etapa de Rubi. Sin embargo, las muchas aristas del problema no impiden que la solución sea evidente. No hay que hacer peripecias para saber que estar a 50 metros del césped enfría hasta al más enfangado. Las obras del estadio este verano son obligatorias, y Al-Khereiji lo prometió en su presentación. Tras ello, Grada Joven debería ocupar un lugar influyente y amplio, facilitando que todo aquel que quiera adherirse pueda hacerlo. Esto, mucho mejor que ese globo sonda lanzado para repartir grupos de animación por el estadio. Descabezar este rol haría chocar cánticos y enredaría la coordinación a la hora de organizar iniciativas. Mejor un sector potente que varios intrascendentes. Con pistas de atletismo, da igual. Todo empieza ahí.

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