Visto y Oído
Melani
Tendríamos que realizar un esfuerzo titánico para ser capaces de olvidar la temporada que acaba de finalizar. Llevar a cabo un ejercicio de introspección similar al que deben protagonizar los monjes tibetanos a miles de metros de altitud en las laderas del Himalaya hasta alcanzar la completa depuración de cuerpo y alma, la paz mental plena. Resulta difícil pasar página tras un año dantesco, tóxico y dañino en lo futbolístico que ha hecho que los aficionados del Almería no hayamos podido esbozar ni una leve sonrisa. Ni siquiera con ese 6-1 de hace siete días que no sirvió más que para maquillar groseramente algo decrépito y descompuesto. Pero hay que mirar hacia delante. No queda otra. El club parece haberse puesto manos a la obra y, contra todo pronóstico, quiere elegir la que, con casi total probabilidad -será el propio fútbol el que dicte sentencia- es la mejor opción para el banquillo. La llegada de Rubi significaría devolver este proyecto venido a menos al artífice de sus éxitos pasados. Y, pese a que no se puede olvidar que muchos terminamos hastiados de ciertas decisiones del técnico, la travesía por el desierto nos ha hecho recibir este rumor, si no con los brazos abiertos, sí con una mueca de alivio. Como hasta que no sea oficial no se podrá valorar su llegada, vamos a centrarnos en el simple hecho de que la UDA esté intentando que este regreso se produzca. Que el club haya puesto su mirada en Rubi implica que se está trabajando, ante todo, en buscar la seguridad de lo conocido. Además, el contrato largo que se le ofrece se traduce en estabilidad. Todo esto podría verse, a su vez, como sobriedad. Sin duda, conceptos que ni mucho menos han sobrado en este año aciago. Será Rubi o no será, pero las intenciones, al menos, muestran que hay vida ahí arriba y que el objetivo es regresar a Primera. Esto puede resultar evidente, pero los meses que la directiva ha pasado desaparecida nos habían hecho dudar. Tranquiliza ver que se ha aprendido de los errores.
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