Los ciclos políticos son como el ave Fénix. Lo que ocurrió el pasado domingo demuestra que el electorado andaluz lo tiene claro y ha votado por un gobierno sólido sin socios de coalición que se reprochen un día sí, un día no. Nadie se creía la encuesta de GAD3 para 'Canal Sur' a las ocho de la tarde. Algo que hace 10 años era normal. Me refiero a lo de conseguir la mayoría absoluta. Somos incrédulos desde que la izquierda se fracturó en tres o cuatro partidos y la derecha en tres. Bueno, miento. Feijóo nos tenía acostumbrados a arrasar en Galicia. La que llamamos la nueva política ha muerto, y cada vez que hay nuevas elecciones, las formaciones van desapareciendo y vamos dirección al bipartidismo. El electorado ha recapacitado y mete en la urna un voto útil. Lo vimos con el 'Ayusazo' y ahora, con Moreno Bonilla. Es decir, Podemos, Ciudadanos y en un futuro Vox desaparecerán del mapa y volveremos a la solidez de izquierdas y derechas pilotadas por PSOE y PP. Tuvieron la oportunidad de demostrar algo diferente de los clásicos partidos, pero cuando han llegado a ponerse manos a la obra y han pactado con los grandes para formar gobierno no han destacado y han tenido una fuerza mínima para sus votantes. Para colmo, peleas continuas en público y en privado, aunque Marín y Moreno fueron un matrimonio ejemplar. Pero miren en Castilla y León, Murcia etc. Bueno, no hay que mirar tampoco muy lejos. El mayor problema lo tenemos en Moncloa y las numerosas discusiones entre los socios, que tienen a Sánchez en un sinvivir aceptando 'decretazos' en contra de su identidad ideológica a cambio de contentar a los morados. No sólo eso. Hasta el partido fundado por Pablo Iglesias se rompe en mil pedazos. Vean el caso de Íñigo Errejón, Teresa Rodríguez o Yolanda Díaz. Otro ejemplo es el dilema que ha tenido Ximo Puig con su vicepresidenta Mónica Oltra celebrando su imputación por todo lo alto hasta que ayer dimitió. Siento decirlo, pero al final todo vuelve a su cauce y ahora toca cambio de color político y cambio en el panorama electoral que se resumirá en dos: populares y socialistas. Ya lo decían nuestros abuelos después de la Guerra Civil: "los extremos nunca fueron buenos".

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