A la luz del día

Siempre se vive de menos

Cercano el centenario de Saramago, leer La viuda es una experiencia tan retrospectiva como iniciática

Suelen dar los días de verano momentos propicios para la lectura, cuando es posible contar con más tiempo libre de las ataduras laborales o de los apremios de la coyuntura de los días. Además de reservarse, para esos ratos de sosiego vacacional, libros que se empezaron a leer, pero dejados en pocas páginas, o pospuestos hasta disponer del tiempo más propicio del descanso.

El próximo dieciséis de noviembre se cumple el centenario del nacimiento del escritor y nobel portugués José Saramago (1922-2010), y volver a su obra siempre es una decisión acertada porque su escritura alumbra el entendimiento con la creación, y la recreación, literaria. En 1947, con veinticuatro años, Saramago escribió La viuda, aunque el editor, procurando más atractivo comercial, optó por titular la novela con Tierra de pecado, lo que no complació al autor, entonces escribiente en los servicios administrativos de los Hospitales Civiles de Lisboa, después de haber trabajado algún tiempo como aprendiz de cerrajería mecánica en los talleres de esos mismos hospitales. La viuda es, por ello, la primera novela del escritor y si se conoce, por haberla leído, buena parte de su obra posterior, se advertirá, en esta novela primeriza, buena parte de la identidad literaria de Saramago. Publicada por primera vez en español el pasado octubre de 2021, en Alfaguara, leerla no es solo una provechosa oportunidad de percepción retrospectiva, sino asimismo una experiencia iniciática, de conocerse poco la obra del nobel portugués. Afirma Saramago, en una «Advertencia» introductoria, que el autor «No podía adivinar que el libro acabaría su poco lustrosa vida en parihuelas. Realmente, a juzgar por lo visto, el futuro no tendría mucho que ofrecer el autor de La viuda», tras haber anunciado a la familia y los amigos, una vez confirmada la publicación del libro, por la que el autor no percibió derechos, «que se le habían abierto las puetas de la literatura portuguesa». Saramago no acertó, claro está, en esas inciertas expectativas primeras y su obra literaria figura entre las más destacadas y reconocidas.

Por eso ahora, con motivo del centenario de su nacimiento, bueno es acercarse a su vitalismo, precisamente expresado en La viuda: «¡Nunca vivimos demasiado! Todos, al morir, nos vamos siendo todavía demasiado ignorantes como para poder dejar dicho o escrito que hemos vivido demasiado. Siempre se vive de menos…».

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