Adamuz, dolor y consuelo

02 de febrero 2026 - 03:07

Cómo obviar en este día de la Candelaria unas líneas testimoniando el desgarrador discurso de Liliana Sáenz en la Santa Misa de funeral celebrado en el pabellón deportivo “Carolina Marín” en la capital de Huelva por las víctimas del accidente ferroviario producido en Adamuz, Córdoba. Unas palabras que salieron del alma, del corazón y desde la plenitud de la razón impregnadas de emoción, humanidad y fe. Fueron oraciones que deberían no solo de leerse, sino de escucharse a viva voz por la gran ayuda espiritual que suponen las mismas en un oficio religioso ante el Señor de la Vida y la Esperanza, Cristo Dios en su real presencia en la Eucaristía con la atenta mirada de consuelo de María Santísima de la Cinta. Las miles de personas que pudieron asistir presencialmente en torno al Altar de la Santa Misa y todos aquellos otros que pudimos continuar con unción la celebración religiosa a través de la televisión o la radio, uniéndonos espiritualmente al funeral religioso Católico, nos sentimos hermanados al dolor de los familiares de las 45 víctimas, en ese momento de las palabras de Liliana Sáenz, tristemente hoy, 46 personas difuntas, y heridos que lo son todos los que viajaban en sendos trenes en mayor o menor gravedad producido en ese desdichado accidente ferroviario y cuyas secuelas nunca olvidarán, ni deberíamos de olvidar como tantos otros hechos que nos han sucumbido y podrían haberse evitado con una mejor gobernanza y gestión pública. Un accidente ferroviario que nunca, nunca, nunca, se debería de haber producido y, menos aún, tras las informaciones periodísticas, que no bulos, a los que hemos tenido conocimiento fehaciente, notorio y público. Entiendo que quienes deben de velar por garantizar el bien común no hayan podido dormir ni tres horas al día. Pero acaso habrán podido conciliar el sueño los familiares de los difuntos y heridos y éstos en su máxima de sobrevivir ante tanta sangre, dolor y lágrimas. Estamos cansados, agotados, de tanto egocentrismo político con los bolsillos ajenos, de tanto postureo mediático e hipócrita, incluso, de lo rápido que pretenden estos representantes electos, no todos, basándose en la opacidad gubernamental en pasar página y que todo quede en el rescoldo de las tibiezas. La memoria histórica y democrática nunca olvidará ni este hecho doloroso ni otros en los que España se está viendo envuelta en una continuada mala praxis política. En fin, de rodillas ante el Santísimo Sacramento y con palabras de negro ruan, Señor y Dios mío dales el descanso eterno. Amén.

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