¿Qué eh lo que eh?
José Antonio Hernández
¿Casualidad o necesario?
Si se confirman los peores pronósticos, el accidente de Adamuz será la peor tragedia ferroviaria que hemos vivido en España desde el accidente de Angrois de 2013. Una tragedia de estas dimensiones sólo debería inspirar el respeto a las víctimas y el agradecimiento a todas las personas que han intervenido en las tareas de rescate o que trabajan en los hospitales que atienden a los heridos. Y aquí habría que incluir también a todas las personas de Adamuz y de los alrededores que prestaron su ayuda en los primeros momentos. Y en cuanto al dolor de los familiares de las víctimas –que están viviendo una experiencia que el ser humano no ha logrado expresar en palabras desde que existe el lenguaje articulado–, lo único que podemos hacer es callarnos. Frente a ese sufrimiento, todo sobra, todo es retórico, todo es insuficiente.
Ahora bien, todos tenemos derecho a hacernos preguntas. Sobre todo, porque desde hace muchos años cualquier tragedia se convierte entre nosotros en un vergonzoso campo de batalla que utiliza a las víctimas para acusar al adversario ideológico. Eso ocurrió el 11 de marzo de 2004 en Madrid, cuando la izquierda –toda la izquierda– sitió la sede del PP y acusó a José María Aznar de ser el responsable directo de las bombas que mataron en los trenes a casi 200 personas. Por lo visto, ni el islamismo yihadista que había cometido atentados en media Europa y en el Magreb tenía nada que ver. No, en absoluto: el responsable fue Aznar. Y lo mismo ocurrió con el vertido de chapapote del Prestige, un cascarón con bandera liberiana del que se acusó al PP como si el PP hubiera pilotado el barco y ordenado su hundimiento. Y podríamos seguir y seguir. No ha habido tragedia que no se haya manipulado de la forma más vergonzosa para hundir al adversario, sobre todo si este adversario era de derecha. Hay ejemplos a montones y no hace falta citarlos.
Así que resultan indecentes –esa es la palabra justa– todas esas llamadas de las buenas almas a la mesura y al respeto a las víctimas. Si las bellas almas no lo tuvieron ni el 11-M ni durante la dana de Valencia, ¿ahora sí hay que mostrarlo? ¿Y por qué ahora sí y antes no? ¿Por qué ahora hay que mostrar lealtad si nunca antes había habido lealtad ni respeto? Pues sí, esa es la pregunta que hay que hacerse ahora, amigos.
También te puede interesar
Lo último