Luces y razones
Antonio Montero Alcaide
Efectos de los estropicios
Los infortunios y las calamidades tienen distintas maneras de manifestarse. Y estas resultan de la causa y el agente que las provoca, así como de los daños y destrozos que ocasionan. Las lluvias y los vientos, junto a la cohorte de inclemencias que cursan con borrascas y temporales de nombre propio, son razones características de desgracias y estragos mayúsculos. Pero asimismo de adversidades menores -cualquier comparación es relativa- en las que acaso sean más fáciles de percibir tanto la vulnerable fragilidad de lo aparentemente seguro como la ordinaria naturaleza de lo preservado. Un tráiler, remolque articulado con el vehículo tractor, el camión, da sensación de robustez y resistencia, con su geométrico volumen de contenedor inalterable. Y las mercancías, al quedar confinadas en su interior, participan, aunque pueda imaginarse en ocasiones su índole y condición, del anónimo y atractivo carácter de lo invisible, próximo a lo extraordinario y sorprendente. Sin embargo, cuando la fatalidad también circula por las carreteras, la resistencia del tráiler se desvanece por la liviandad de su estructura, bastante más voluminosa que firme. Y el escondido misterio de las mercancías queda además bruscamente desvelado y deshecho, aunque falten por abrir las cajas. Efectos de los estropicios, en fin.
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