Francisco Bautista Toledo

No hay escapatoria

Reflejos

05 de junio 2024 - 00:00

Se piensa que todo pasado ha sido abandonado en la memoria, quedando sólo destellos de su recuerdo, más en la realidad su presencia es constante, vistiéndose de nuevas apariencias, problemas eternos que resurgen transformados, pero su esencia permanece intangible. El genio de su existencia es perenne, actúa en la variabilidad de los tiempos y conflictos, ganando en experiencia histórica. Aunque cambie en un territorio los pueblos e incluso razas, el peso de su pasado ejerce fuerte influjo.

Si repasamos épocas anteriores, hay regiones geográficas que siguen manteniendo su nombre, orgullosas de su cultura y tradiciones, jugando en la trama de las relaciones entre territorios, mutados por las contribuciones de su pasado.

En la Historia antigua vemos protagonistas como Mesopotamia, India, Persia, China, Egipto… Y si miramos los tiempos actuales, nos encontramos con los sucesores de esas naciones, pues ¿no están siempre presentes en los sucesos internacionales? Lo vemos en el conflicto de Oriente Medio, donde Egipto, Irak (antigua Mesopotamia), como también Irán o Arabia, siguen en la brecha, con el eterno pueblo Hebreo. Lo mismo ocurre con el sucesor de los pueblos de Asia Menor, o Bizancio, la actual Turquía. Existen igualmente culturas inmemoriales, como India, China o Japón. En Europa la UE aparece como transfiguración del Imperio Romano, en decadencia frente al sucesor de las hordas del Este. En la estepa siberiana siempre se han sucedido imperios extensos.

Norteamérica se ha erigido como un trasplante del nuevo imperio romano, al cual se ha sumado el mundo anglosajón, cuya Pax impuesta zozobra. Más podría decir de las coincidencias entre las naciones del pasado y las actuales, algunas cambiadas de nombre, otras con el mismo, y siempre en interrelación permanente.

La Historia vista así es estática, plástica, transformándose sin fin, en interconexión perpetua de sus partes, que se enriquecen y avanzan en el pensamiento, pero siempre sometidas al eterno retorno. Este es el sino de los tiempos, el signo que se repite sin descanso, canto continuo del resplandor de sus hazañas, más todo es viejo y nuevo a la vez, no hay salida. Hay quienes intenta romper el ciclo de la Historia, olvidar el pasado y construir el futuro, pues saben que sin cambiar la realidad el progreso que anhelan no es posible, mas la fuerza de las culturas es grande, su poder de transformación inesperado, pudiendo esconderse en las apariencias, para continuar en la nueva realidad el ciclo infinito. Parece que no hay escapatoria.

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