La Rambla
Julio Gonzálvez
Navajazos de día y en la noche
Se va despidiendo el primer mes del año. Un mes que alguien, en la sala de máquinas de quienes manejan los hilos de nuestro tiempo, decidió que sería el mes de Julio Iglesias. La sacudida mediática provocada por sus supuestos desmanes fue tremenda. Abrió informativos, ocupó tertulias, protagonizó portadas y nos tuvo, en fin, más que entretenidos. Las noticias sonaban francamente mal y, al intercalarse con imágenes otrora simpáticas del español más internacional, el juicio de la opinión pública no tardó en caer sobre él. Y, sin embargo, fueron muchos los que vieron en la tremenda escalada del asunto una más que interesada estrategia política para distraer, como siempre, al pueblo.
Han sido los terribles accidentes ferroviarios de Córdoba y Cataluña los que han terminado por desplazar a Julio Iglesias de la actualidad. Y fue en el primero de éstos, una desgracia absolutamente sobrecogedora, en el que ha emergido la figura de un nuevo Julio: Julio Rodríguez, el ángel de Adamuz. Hemos sabido de él por toda la ayuda que brindó a los heridos en los primeros instantes de las labores de auxilio. Con 16 años recién cumplidos, nos regala un ejemplo impactante de valores... y agallas. Emociona especialmente ese vídeo de Canal Sur en el que el padre de un niño herido reconoce en Julio a la persona que ayudó a su hijo en aquel trance.
No está de más que, durante unos días, pongamos el foco en este Julio y no tanto en el otro, o en Ábalos, o en Mazón, o en Pedro Sánchez. Con personas como Julio Rodríguez se construye un país que merece ser vivido, mientras los otros no paran de destruirlo, hasta el punto de sumirnos en una decadencia constante que, quisiera creer, no nos merecemos. Duele.
Desde hace unos años, he tenido la suerte de conocer mejor la historia de Ignacio Echeverría, el héroe del monopatín, otro grandísimo ejemplo de joven que, con apenas 39 años, entregó su vida intentando rescatar la de otros. Fue en Londres, seguro que lo recuerdan. Leer el libro de su padre, Joaquín, ayuda a entender los mecanismos que hacen que personas como éstas, extraordinarias, den lo mejor de sí por intentar ayudar a los demás.
Son ejemplos, grandes héroes que, además, lo viven con una interesantísima humildad. En esta era del postureo constante, consuela encontrar historias como éstas entre la maleza. Es como colar un oasis de la calidez de julio, en el frío de este expirante enero.
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