Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Silencio en Adamuz
Quedarse a medias tiene poco que ver, aunque “suene”, con conocer una vedad a medias, una media verdad. En el primer caso, se trata de no terminar o concluir una acción, un proyecto, una iniciativa que, por eso, queda inacabada o interrumpida. De manera que surjan, con consecuencia, inconvenientes y desagradables sensaciones de frustración, bloqueos, ineficacia o incapacidad. Generalmente, es una situación, la de quedarse a medias, más encontrada que debida a la propia voluntad. Aunque esta también lo propicie cuando hace de las suyas el miedo al fracaso, o la autoconfianza menguada, y, en vez de conseguir el propósito final o el éxito consiguiente, el empeño queda detenido y prevalece la conformidad con el mediano o ligero alcance de lo logrado. Dejar las cosas a medias tiene asimismo que ver con la ausencia o la pérdida de motivación, con la debilidad de los estímulos, con la inconstancia ante las contrariedades propias de cualquier reto significativo. Así, la situación de quedarse a medias afecta tanto a sujetos activos como pasivos, responsables los primeros de la interrupción, y enfadados destinarios de ella los segundos.
Las verdades a medias pueden compartir un carácter más incompleto que inconcluso, pues se trata de afirmaciones o aseveraciones de naturaleza engañosa, al declararse tanto hechos verdaderos como omisiones intencionadas y distorsiones manipuladoras. Por eso una verdad a medias acaba por ser una mentira entera. Y tal falacia pretende extender la credibilidad cuando solo se presenta de manera limitada. Son, entonces, más poderosas en sus efectos las medias verdades que las mentiras, ya que, con su parte de verdad, llevan a convencer a los receptores de los mensajes. En la oratoria, las verdades a medias encuentran un espacio más que propicio para provocar sus efectos característicos, toda vez que pueden beneficiarse los intereses propios con la atracción de argumentos presuntamente válidos ante una fluida elocuencia que asimismo resulte huera y falsa. También se acercan las medias verdades tanto a las algo disculpadas mentiras piadosas como a las más perversas falsedades demagógicas. En sus Proverbios y cantares, Antonio Machado dio con estos tres versos: “¿Dijiste media verdad? / Dirán que mientes dos veces / si dices la otra mitad”. Qué más completa y entera verdad.
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