Plus Ultra

20 de enero 2026 - 03:08

Es triste que la clara divisa Plus Ultra, adoptada por el césar Carlos para representar la expansión de la monarquía hispánica al otro lado del océano y asociada con letras de oro a la historia de la aviación española, se vea contaminada por el escándalo de la aerolínea rescatada por el Gobierno, pero no cabe duda de que su alta significación seguirá siendo la misma cuando de todas estas miserias –y de sus hacedores– no quede ni el recuerdo. Este frío enero, el próximo día 22, hará cien años que los tripulantes del legendario hidroavión levantaron el vuelo desde el muelle de la Calzadilla, en Palos, no por azar muy próximo al convento franciscano –histórico punto cero de la aventura colombina– donde se hospedó el almirante antes de iniciar su primera travesía. Cuatro años antes, en 1922, coincidiendo con la celebración del centenario de la independencia de Brasil, los portugueses Sacadura Cabral y Gago Coutinho habían completado el primer raid sobre el Atlántico Sur, cubriendo la ruta de Lisboa a Río de Janeiro a bordo de tres sucesivas aeronaves, pero el del Plus Ultra fue el primer vuelo transoceánico –el posterior de Charles Lindbergh, en 1927, lo haría sin escalas y en sentido inverso– que no necesitó, pese a las averías, cambiar de aparato, cubriendo los más de diez mil kilómetros en siete etapas que concluyeron con el triunfal recibimiento en Buenos Aires. De la acogida que le dispensaron en la república hermana, donde una multitud vitoreó a los aviadores tras su amerizaje en las aguas del Río de la Plata, da fe el que Gardel les dedicara el tango titulado La gloria del águila. La gesta se inscribe en la llamada edad de oro de la aeronáutica, o sea, el breve y heroico periodo que precedió a la generalización de los vuelos regulares, cuando los habituales accidentes se llevaban por delante a muchos pioneros. El regreso a España del comandante Franco, el capitán Ruiz de Alda, el teniente de navío Durán y el cabo mecánico Rada fue cubierto por un joven periodista, Manuel Chaves Nogales, que iniciaba con este feliz suceso la serie de grandes reportajes que consagraría su nombre. En sus tempranas e impagables crónicas, sin merma del justo reconocimiento al comandante e impulsor de la iniciativa, el protagonismo recae sobre Rada, el valeroso muchacho que había arreglado los motores en pleno vuelo, a quien en los festejos agasajaban por igual las “damitas de la aristocracia” y las “mocitas de San Bernardo”. Una de ellas celebra sus reaños y Chaves puntualiza que no ha sido esa la palabra exacta.

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