Utopías posibles
Regular el mercado
Aestas alturas de la película, cada vez se hace más complicado defender a capa y espada aquella máxima del capitalismo y el neoliberalismo que promulga que «el mercado se regula solo» y que lo mejor que pueden hacer los gobiernos es no intervenir.
Sin ser agoreros, hay quienes estamos convencidos de que algún día no muy lejano el mundo reconocerá que había que poner límites, que se hicieron demasiados excesos, que la juerga neoliberal llegó demasiado lejos, que el precio que hemos pagado es demasiado caro. La Unión Europea, también capitalista, representa el último intento de mantener la vida y el bienestar de las personas por encima de las leyes del mercado.
El gobierno ha planteado dos medidas aparentemente desconectadas que van exactamente en esta línea. La primera de ellas, la más mediática, es la prohibición de que los jóvenes puedan acceder a redes sociales antes de los 16 años de edad. Aunque consideremos que hay que educar en lo digital, que los dispositivos móviles no se deben prohibir, que hay que alfabetizar digitalmente y mostrar las posibilidades de las herramientas digitales… el límite quizá sean las redes sociales. Como sabemos, al mercado le importa poco que locos, pederastas, divulgadores de bulos, vendedores de todo tipo, hackers o influencers políticos campen a sus anchas. Alguien tendrá que proteger lo más valioso: la juventud. Las familias y la sociedad se han demostrado insuficientes. ¿Seguimos permitiendo que las redes contaminen a su antojo las mentes de nuestros jóvenes? ¿o hacemos un parón y les educamos, les damos herramientas para que con un mínimo de madurez las afronten posteriormente? Ojo a quién y por qué promueven que no hay que regularlas.
La otra medida es la regulación de la Formación Profesional, la gallina de los huevos de oro de nuestro sistema. Hace muchos años, en un centro privado donde yo mismo trabajaba, el director decía que «el mayor genio de la humanidad es quien descubrió que en lo que más gastaban el dinero las familias es en sus propios hijos e hijas». El mercado se frota las manos. Hay comunidades autónomas donde la gran mayoría de los nuevos ciclos formativos de FP son totalmente privados, eliminando así cualquier objetivo de igualdad de oportunidades. Muchos chicos y chicas con menos recursos no pueden optar a estos estudios.
Se trata de que el mercado esté al servicio de las personas, y no al revés. Regularlo, o la ley de la selva. Elijan ustedes.
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