El retorno del café

12 de enero 2026 - 03:08

Hoy se puede tomar un café bastante decente en muchos bares y cafeterías de Almería. Pero durante décadas me pasé al té, porque los cafés eran de una calidad espantosa. Bueno, en realidad, lo que se tomaba en la inmensa mayoría de las casas y bares de España en los años cuarenta y cincuenta era cebada o achicoria tostadas. El café de verdad llegaba de contrabando, excepto casos raros, como las setecientas toneladas que el dictador brasileño Getulio Vargas regaló a España en 1940 y que Franco distribuyó pero, eso sí, cobrándolo e ingresando el dinero en su cuenta privada: 7,5 millones de pesetas, unos 5,5 millones de euros actuales.

Cuando se empezó a tener acceso al café, se ve que el gusto con aquellas maltas requemadas hizo que muchísimos consumidores optaran por el café torrefacto en lugar del tostado natural. También debió influir que el torrefacto es mucho más barato porque lleva un 10-15 % de azúcar y además se utilizan los peores cafés para elaborarlo. Todavía observo en algunas de las buenas tiendas de café que bastantes clientes piden mezcla de natural y torrefacto. Allá ellos. Hoy, repito, tenemos acceso a estupendos cafés en tiendas, bares y cafeterías. En el peor de los casos, las cápsulas nos dan un producto aceptable en los sabores, aunque perjudicial para el medio ambiente. Así que, he vuelto al café, que disfruto casi a diario (sigo prefiriendo el té para el desayuno) en varios establecimientos de mi entorno.

Desde hace tiempo disfruto con el expreso del Carpe Diem (Trajano, esquina a Martínez Almagro). Omar, italiano casado con una almeriense de conocida familia hostelera, lleva más de veinte años haciendo uno de los mejores cafés de la capital. Es escrupuloso en la limpieza frecuente de máquina y accesorios, y sabio en las dosis, temperaturas y molido del grano. Hasta el descafeinado le sale bueno. Lo único malo es que solo abre por las mañanas.

Muchísimo más reciente, apenas hace unas semanas, es la apertura de Conquista, donde ofrecen una larga variedad de cafés colombianos, tanto hecho en máquina italiana como en filtro con toda su ceremonia de molido a mano, pesado estricto de grano y agua. Y con rica variedad de tipos de café y zonas de cultivo. Merece la pena irlos probando. Pidan “un tinto” que es como se le dice en Colombia al café solo. Están en la esquina de General Tamayo con Reyes Católicos, en el local que ocupó muchos años la Cafetería Trevi de mi primo Baldomero.

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