Trump y la humanidad

08 de enero 2026 - 03:06

Es posible que Trump sea ahora el humano más poderoso del mundo; otros le precedieron en ese estatus. En Venezuela, el humano más poderoso de ese país ha sido secuestrado por orden de Trump para ser puesto a disposición de la justicia –del país más poderoso del mundo- o ser ajusticiado, que para el caso es lo mismo. Trump, en su condición de humano más poderoso del mundo, hace lo que le da la gana –como corresponde- según su antojo o capricho –faltaría más- y le importa un pito que el resto de humanidad -que está por debajo de él- le aplauda o critique. Resulta aleccionador y clarividente, para un observador inteligente y curtido, asistir estos días al desprecio y chulería con los que Trump trata a todos los gilipollas que, a izquierda y derecha, se posicionan ante sus actos de líder ensimismado, lamiéndole las botas servilmente o encabritándose indignados para exigirle el cumplimiento de la legalidad. El humano más poderoso de Venezuela hacía lo que le daba la gana con todos los que estaban bajo su poder y mando totalitarios; ahora ha sido secuestrado por el humano más poderoso del mundo, que hará con él también lo que le venga en gana. Los que precedieron a Trump en el mismo poder hicieron también lo que les dio la gana, conscientes de su señorío global. Y lo mismo puede decirse de todo aquel humano que ejerce su poder sobre otros seres humanos. La diferencia entre Trump y muchos de sus predecesores son los modales. Algunos se afanaban en buscar justificaciones teóricas, excusas o disimulos para maquillar las decisiones interesadas y tiránicas de su voluntad de poder. Con Trump la máscara se ha caído; el personaje exhibe con total impudicia su voluntad de emperador ante la estupefacción de una humanidad de cretinos idealistas que aún creen en constructos teóricos sin base real. La democracia, los derechos humanos, la justicia, el derecho y la legalidad internacionales no existen, son monsergas que importan un bledo a Trump y a todos aquellos que, viéndose con poder, no dudan ejercerlo según su criterio y beneficio propio. En el fondo, Trump es un retrato exacto de la condición humana, y aún más, de la misma naturaleza, sin barniz ni anestesias. El primer mundo, en su imbecilidad inoculada por el bienestar, había olvidado nuestra condición, pero Trump le ha dado una hostia bestial que ha interrumpido el letargo. Los gilipollas empiezan a darse cuenta de quienes somos en realidad, y de que ya falta menos para que nos extingamos. Al planeta le va a venir de puta madre.

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