La Rambla
Julio Gonzálvez
Sexualidad en las aulas
Los publicistas han encontrado un filón con la V: Vestial y Vrutal son sus más recientes creaciones. Ya hace años que los creativos (?) utilizan las faltas de orografía como activo publicitario, pero siempre hay puristas de la lengua española que los critican. Tienen razón los publicistas, porque el cambio de la B a la V suaviza las desagradables palabras bestial y brutal. Vestial y Vrutal suenan más amables, suavizan sus significados. Aprovechándome de tan lúcido hallazgo, se me ocurren otros usos del cambio de consonantes.
En el mundo del vino, habría que escribir bino cuando se trata de un gran vino. Estaría mucho mejor decir ¡qué pedazo de bino!, en lugar de, como se dice ahora: “este tinto es un vinazo”. Porque “vinazo” no es un elogio; en el Diccionario de la Lengua (DEL) vinazo es un “Vino muy fuerte y espeso”. Que es todo lo contrario de lo que entendemos los aficionados por un gran vino elegante y complejo. En cambio podemos conservar la v en vinillo para vinos suaves y agradables. El DEL actual lo define como “Vino muy flojo”, aunque hasta hace pocos años era incluso elogioso: el María Moliner de 2007 dice que “vinillo” es “un vino muy flojo o, con estimación, uno que el que habla encuentra muy bueno”. Allá por el siglo XVI, Baltasar del Alcázar, en su poema “Una cena”, dice: “vale un florín cada gota / de aqueste vinillo aloque”.
En otros casos, en cambio, convendría cambiar la v por b: si Lorca hubiera escrito “Berde que te quiero berde, berde viento, berdes ramas…” no cabe duda de que el poema hubiera tenido aún más fuerza. En cualquier caso, el cambio no ofrece dificultades porque la v y la b suenan igual en el español hablado actual, tanto en España como en América, con la excepción de pequeñas zonas de Cataluña o Castilla la Vieja, o de algún cursi. Quizá por eso, y siguiendo el ejemplo de lo que Juan Ramón Jiménez hizo con la j y la g, aquí han empezado a utilizar la b y la v indistintamente. Puede que alguien se la coja con papel de fumar y opine que es muy malo para la salud de la ortografía. Tonterías, así vamos haciéndola más racional y sencilla (vuelvo a invocar a JRJ). Eso sí, mientras que no se reformen las reglas actuales, ruego a todos los dioses del catálogo mundial para que ningún corrector, sea automático o real —si es que queda alguien con ese oficio en los periódicos— me corrija ninguna de las sopotocientas faltas de ortografía de esta columna.
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