De la vuelta al orden

26 de febrero 2026 - 03:08

Las vanguardias figurativas nacidas en el periodo de entreguerras, años veinte y treinta del pasado siglo, que han dado en llamarse “La vuelta al orden”, aglutinaron a una rica variedad de autores de extraordinaria calidad en varios países europeos, injustamente tratados a la postre por la sucesión de ismos feroces, enloquecidos en su afán de novedad a toda costa. Muchos de estos autores están siendo rescatados para el conocimiento y deslumbramiento generales. La pintura metafísica de Giorgio de Chirico o Mario Sironi evolucionó, a través de la revista romana Valori Plastici, junto al grupo Novecento y el «realismo mágico», hacia territorios de un realismo seco y arcaizante, de brillante estética compositiva, que tiene en los grandes maestros italianos del Quattrocento su más preclara inspiración. Artistas como Giorgio Morandi o Felice Casorati dirigieron su mirada hacia la tradición, renovándola al incorporarla a los espacios de la vida moderna de entonces, pero conservando las temáticas de los géneros tradicionales como bodegón, retrato, interiores y paisaje. Estas corrientes discurren en clara sintonía con la trayectoria de otros artistas como Picasso o Derain en ese mismo momento histórico. Autores italianos como Felice Casorati, Ubaldo Oppi, Antonio Dongui o Cagnacio di San Pietro, tienen resonancia y similitud estilística con otros españoles de la misma época como Rosario de Velasco, Alfonso Ponce de León, Joaquín Valverde Lasarte, Antonio López Torres, Sebastián García Vázquez e, incluso, otros de filiación más tradicional –en un cierto sentido más simbolista o decimonónico- como los Chicharro, el tardío José Pinazo o Eugenio Hermoso. Y lo mismo puede decirse del movimiento denominado “Nueva objetividad” en Alemania, con una pléyade de autores reseñables, como Otto Dix, George Grosz o Alexander Kanoldt, algunos de los cuales recibieron una indudable influencia del suizo Félix Valotton. En la mayoría de todos ellos hay una vuelta a un realismo tridimensional arcaizante que se mira en la gran tradición, como una respuesta o reacción al imperio de lo plano que se da en las primeras vanguardias cubistas, fauvistas o expresionistas. Ello no conlleva un desprecio por sus logros estéticos en abstracto, sino todo lo contrario; los artistas de la llamada “Vuelta al orden” aprovecharon los hallazgos compositivos plásticos de esos ismos primerizos, pero los combinaron sabiamente con un realismo nuevo, capaz de poetizar el mundo moderno y actualizar la mirada de la belleza clásica.

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