Bienal

Una Pastora que vale por seis

  • La sevillana triunfa en el Maestranza con su tributo a otras bailaoras tras cuatro años sin bailar sola en la Bienal.

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Identidades. Baile: Pastora Galván. Cante: Galli de Morón, Cristian Guerrero. Guitarra: Ramón Amador y Pedro Sánchez. Interpretación y baile: María del Mar Montero. Artistas invitados: Juana la del Pipa y Farru. Dirección: Antonio Canales. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Sábado, 4 de octubre. Aforo: Lleno

El público estaba sediento de Pastora y se le entregó al primer minuto. Hacía cuatro años que no bailaba sola en la Bienal. Desde aquel maravilloso paseo musical por Triana que se llamó Pastora (2010), y que la consagró definitivamente como figura del baile. Identidades no tiene nada que ver con aquel, ni con ninguno de los trabajos coreografiados por su hermano Israel. No tiene pretensiones en cuanto a investigación musical o dancística o teatral. Es simplemente una fiesta del baile, de ese baile tradicional que siempre espera una gran parte del público de la Bienal.

Una fiesta en la que Pastora Galván, como hiciera Isabel Bayón también en 2010, se pone en la horma de los zapatos de las artistas que admira, dejando también un resquicio para que Farru rinda su tributo al gran Farruco, copiando literalmente -porque puede, porque sabe y lo lleva en los genes- aquella soleá, con chaqueta y sombrero que, según cuenta José de la Vega, compañero en el Ballet de Pilar López, provocaba cada noche hasta 18 cierres de telón. La otra invitada, la Tía Juana la del Pipa, nos hizo disfrutar al máximo, tanto en sus tientos tangos como en la soleá.

Pero la novia en la boda fue Pastora, más reposada que nunca y con un vocabulario capaz de asumir la piel y el arte de seis grandes bailaoras. Muy bien arropada por Amador y sus músicos, empieza domeñando su baile salvaje para emular, con bata de cola blanca, elegante braceo y caminar majestuoso a la maestra Matilde Coral. Luego, con otra bata de cola, hace gala de su gran formación interpretando una seguiriya con castañuelas -muy bien tocadas por cierto- que dedica a Loli Flores para, a continuación, recordar, por taranto, el baile rico y expresivo de Milagros Mengíbar y, con una caña, la gracia de su madre Eugenia de los Reyes. Finalmente, tras un romance algo asalvajado que no hizo honor al baile hermoso y de caderas cimbreantes de Carmen Ledesma, le dedica otra soleá (tras la de Farru) a su musa Manuela Carrasco, encerrando de nuevo su energía desbordante en el espacio que media entre los brazos levantados. Para terminar, después de que Farru, extrañamente vestido (por decirlo de algún modo), hiciera un guiño a Antonio Canales, director de la pieza, con sus sabrosos tangos, ella, en cuerpo y alma ya, nos regaló ese baile valiente y fresco de vecindona que logró levantar al público de sus butacas.

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