A Con-Ciencia

Una Cámara Baja sin rastas

Ser Gobierno no permite libertades en un país donde el escándalo ajeno sólo es superado por la envidia de no disfrutar de las prebendas ajenas

Ciertamente, ser ajeno a una disciplina te da tanta objetividad como osadía, pero mucha libertad… ¡que se lo digan a Díaz Ayuso! Siendo decano fui preguntado por mi entonces homólogo de Derecho sobre si los trabajos de fin de grado en Matemáticas, que tienen defensa pública según normativa, se defendían con público o no. Sorprendido le contesté que era evidente y, a su vez, me interesé sobre el porqué de su pregunta: "precisamente, porque soy de Derecho". Pero, ese rastas desaliñado que tuvo aquel acercamiento tan cariñoso como desacostumbrado hacia un miembro de la bancada de las Derechas que se despedía de una Comisión agradeciéndole "su calidad humana", siendo que Alberto Fernández es tan singular, merece que deje en negro sobre blanco lo vivido desde que sabemos que no volverá a verse por los pasillos del Congreso, a la vez que abandona su formación política.

En menos de diez meses se ha reactivado y resuelto un caso de 2014, cuando en una manifestación pateó el culo de un policía, según denuncia del dueño del culo. Por fin la Justicia despierta y reacciona como debe: siete años después, pero en un pispás; ¡como debe ser! Curiosa velocidad cuando el caso tan controvertido que se trata (los letrados del Supremo y los del Congreso llegan a conclusiones enfrentadas), se ha resuelto sin mayor dilación tras las tensiones políticas de turno. Es evidente que ser Gobierno no permite ciertas libertades, sobre todo en un país donde el escándalo del comportamiento ajeno sólo es superado por la envidia de no disfrutar de las prebendas ajenas.

Por tanto, y respetando por mi parte la justificación de una u otra posiciones, ha sido muy clarificadora la pedagogía de personas como Martín Pallín o Bosch Grau quienes nos han explicado cómo de natural hubiera sido cerrar el proceso después de la sentencia que conmutaba el mes y quince días (agárrate, cuarenta y cinco días) por una multa de 540 euros. Todo queda dicho, señorías, no se alteren.

Lo de que, como consecuencia final de todos los hechos, resulte su abandono del partido sólo se podrá saber con el paso del tiempo. Lo que sí podemos afirmar desde ya es que este señor con estudios de ciclo superior de Formación Profesional en Química Industrial, no va a suponernos un gasto en el recibo de la luz, pues las puertas giratorias, en su caso, le llevarán, de nuevo, al ámbito de la industria del petróleo, del que salió un día.

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