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Hágase la luz

El supuesto déficit de tarifa eléctrica es una torpeza política. Empezó con Aznar, heredo Zapatero y continúa Rajoy

Se desconoce cuál es el verdadero origen de la expresión "tener pocas luces", aunque no existe duda alguna sobre su significado, tan generalizado como el germen que se inocula en su propagación, la ignorancia. Utilizada la frase para referirse al déficit de discernimiento y carburación intelectual de algunos, con cierta guasa y siempre de forma despectiva, podríamos fabular sobre ese desconocido parto lingüístico que señalábamos y asignárselo a los famosos "illuminati". Por contraposición a lo representarían. Éstos últimos, el mito de los iluminados, serían la élite de las élites del pensamiento de los últimos siglos, una especie de secta que habría llegado a ser capaz de quitar y poner gobiernos a su antojo. Eso dicen. En cambio, aquellos otros, los apagados, esas tristes sombras que deambulan con escasos o nulos recursos cognitivos, se encontrarían amarrados a los grilletes de la inopia, desatinados de razón. Transformamos ese discurso retórico, que representa una simbiosis tan asumida (luz e inteligencia, oscuridad y desconocimiento), y con él denunciamos el Sésamo energético del país, esa cueva de Alí Babá en la que se ha convertido el inexplicable y vergonzoso "déficit de tarifa eléctrica". Este supuesto déficit obliga a cuestionar la inteligencia de nuestros gobernantes, pues, en vez de velar por los intereses de la ciudadanía, a los que debieran servir, prometen en cambio obediencia numantina a las compañías que manejan -¿manipulan?- la energía patria. Pero, aún peor, es que nos quieran hacer creer que la desdichada liberación del sector en época aznarista consiguió objetivar el sistema y ajusticiar la facturación al consumidor, cuando en realidad confeccionaron una ruleta rusa trucada, en el que la banca -las eléctricas- siempre gana, a costa del bolsillo de la gente. La evolución histórica de precios lo demuestra. O que digan que no se puede hacer nada al respecto. O que están vigilantes para evitar fraudes ¿cómo? Quítense ya de una puñetera vez las anteojeras, las que heredó Zapatero y porta Rajoy aún, y no nos tomen por tontos. Porque voluntariosos son un rato si de sumisión a ese cambalache eléctrico se trata, pero luces tienen pocas, si es que hablamos de responsabilizarse de las torpezas políticas cometidas y de cambiar en favor de la ciudadanía, arreglando de una vez por todas ese desaguisado que carcome las economías familiares.

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