A Con-Ciencia

En la ciencia no se crece

La respuesta de tipo mitológico es la que sigue resultando más común, porque es la que mejor se vende a través de los medios

En el deseo de mostrar a la Ciencia exenta de subjetividades, fuera del relativismo de cada individuo respecto del resto, y como disciplina humana que no está sujeta a los avatares de experiencias de tipo religioso, no es extraño encontrar aforismos del tipo "lo bueno de la Ciencia es que es cierta independientemente de si crees o no en ella". En una sociedad que vive del zasca en hocico ajeno no es extraño recibirlo en el propio. Es muy natural que, bien ante una calamidad o ante un infortunio personal, salgan de nuestra boca expresiones del tipo "confío en que la Ciencia lo resolverá o yo creo mucho en este médico para resolverme este mal". Y es que cuando se trata de asuntos que involucran al ser humano, colectiva o individualmente, el conocimiento científico está localizado en ámbitos muy cercanos, cuando no solapado, con otros tipos de conocimientos que poco tienen que ver con la certeza contrastada y contrastable.

La erupción del volcán Cumbre Vieja en La Palma es un ejemplo de cómo el saber científico no ocupa un lugar predominante entre las respuestas humanas: el miedo, la incertidumbre, el dolor por las pérdidas materiales son las muestras que se transmiten desde los medios de comunicación. Y estas experiencias tendrían que ser muy distintas, pero tanto si desde el mundo de la Ciencia o desde el de la creencia se diese respuesta. Por una parte, que no haya habido ninguna víctima humana (hasta el momento, y los indicadores parece que por ahí van) es motivo para la confianza (que no creencia) tanto en la Ciencia que es capaz de anticipar y planificar posibles calamidades encontrando alternativas, como en la misma creencia de que estar vivos es lo único importante en este momento.

Desafortunadamente, la respuesta de tipo mitológico es la que sigue resultando más común, sobretodo porque es la que mejor se vende a través de los medios de comunicación: que si la lava llegará al agua, que si ésto va a durar veinticuatro o cuarenta y ocho días, que si la nube de piroclastos llegará a la península, etc. O sea, una sarta de estupideces que, por supuesto, no ocupan a la Ciencia, ni deben preocupar a la creencia, pero que sí son útiles para vivir el espectáculo mediático permanente que hace que se nos olvide el precio escandaloso de la luz, el bochorno de los botellones revolucionarios y liberadores, o las faenas del "Nen de Amer" por las arenas sardas de Sasseri.

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