Gobernar sin escuchar, oposición sin calle

28 de enero 2026 - 03:06

Nos llevó décadas comprender que la política era clave para mejorar la vida de pueblos y ciudades.

Hoy, ese aprendizaje parece desdibujado, como si la práctica institucional hubiera perdido su sentido. El debate municipal se ha convertido en un juego de sombras: el gobierno ignora y la oposición se desvanece, dejando a la ciudadanía en una orfandad democrática.

Siguiendo los plenos del ayuntamiento de la capital, percibo, por un lado, un gobierno local que ejerce su mayoría absoluta como un muro, y por otro, una oposición que parece existir solo como ruido de fondo. Sus propuestas son desestimadas sin debate, generando escenas que recuerdan al Unamuno de “Mientras dure la guerra”, cuando la palabra se convierte en el último refugio frente al poder que ya no escucha.

Esa sordera institucional se refleja en un Paseo de Almería ejecutado con opacidad, donde unos parterres descomunales se han convertido en símbolo de una gestión ajena a quienes caminan y sienten la ciudad.

En cada sesión plenaria, la desconexión resulta evidente: intervenciones que pasan desapercibidas, votaciones con resultado predefinido y un debate plano, casi ceremonial. El ejercicio democrático se reduce a un ritual vacío cuyo eco apenas llega a la prensa, mientras quienes deberían representarnos parecen ajenos a la ciudad que sostienen.

El espejo de la democracia no solo se empaña por la soberbia del que manda, sino también por la anemia de quien aspira a representar. Una oposición que se encierra en sus despachos, que sustituye la asamblea vecinal por el comunicado y la visita al barrio por la rueda de prensa, corre el riesgo de volverse irrelevante.

Para revertirlo necesitaría presencia viva en los barrios, y hoy no la tiene. Si no es capaz de movilizar ni de ilusionar, acaba siendo cómplice involuntaria del silencio institucional.

La democracia no es un latido vacío, sino un organismo vivo. Cuando el gobierno no escucha y a la oposición le falta el latido de los barrios, la ciudad pierde su rumbo. Urge encender la democracia antes de que la oscuridad nos ciegue, antes de que la luz que podría alumbrarno quede escondida entre la soberbia de unos y la invisibilidad de otros.

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